Tren de Aragua: expansión criminal y conexiones internacionales. Mientras la mayoría de los sectores productivos en Venezuela enfrenta un prolongado deterioro económico, una estructura criminal ha logrado expandirse y fortalecerse. Se trata del Tren de Aragua, una organización que pasó de operar dentro de cárceles venezolanas a convertirse en una red delictiva transnacional con presencia en América y Europa.
La banda, nacida en la cárcel de Tocorón, ha sido señalada por autoridades internacionales como responsable de delitos que incluyen narcotráfico, extorsión, trata de personas, sicariato y control territorial. Su crecimiento se aceleró en medio del colapso institucional y la crisis migratoria venezolana.
El pasado jueves, la Fiscalía de Nueva York presentó una acusación formal contra su líder, Héctor Rusthenford Guerrero Flores, conocido como “Niño Guerrero”. Según el fiscal federal Jay Clayton, Guerrero habría dirigido la transformación del grupo desde una pandilla carcelaria hasta una organización criminal con alcance continental.
Tren de Aragua: expansión criminal y conexiones internacionales
La acusación también vincula al Tren de Aragua con el llamado cártel de los Soles, una red de narcotráfico que Estados Unidos atribuye a altos mandos militares venezolanos. De acuerdo con las investigaciones, esta relación habría permitido acceso a corredores estratégicos, logística y protección para el tráfico de drogas.
La expansión del grupo llegó a Europa. En España, la Policía Nacional desmanteló recientemente una célula con la detención de 13 personas en ciudades como Madrid, Barcelona y Valencia. Las investigaciones se intensificaron tras la captura, en 2024, de un hermano del Niño Guerrero en Barcelona, requerido por delitos de terrorismo y trata de personas.
Origen y estructura
El Tren de Aragua surgió en la cárcel de Tocorón, que durante años funcionó como un centro bajo control interno de los reclusos. El penal contaba con discoteca, piscina, zoológico y espacios recreativos, mientras las autoridades mantenían un acceso limitado. En ese contexto, la organización consolidó un sistema paralelo de control y financiamiento.
El nombre del grupo responde a la jerga carcelaria venezolana. Las bandas son llamadas “carros”, y el concepto de “tren” representa una estructura superior compuesta por múltiples células o “vagones”.
Migración como negocio criminal
Con el éxodo de millones de venezolanos, la organización diversificó sus operaciones. Según ONG especializadas, desde 2018 el grupo estructuró redes de tráfico de migrantes, ofreciendo rutas hacia Estados Unidos y países del sur del continente, con tarifas que oscilan entre 1.000 y 10.000 dólares.
Sin embargo, estas redes no solo buscan el traslado. Muchas víctimas terminan atrapadas en esquemas de extorsión, explotación sexual o trabajos forzados. Las deudas son incrementadas arbitrariamente y el incumplimiento se castiga con violencia extrema, utilizada como método de control y advertencia.
Presencia internacional
El Tren de Aragua ha extendido operaciones a al menos once países, entre ellos Colombia, Perú, Chile, Ecuador, Brasil, México, Estados Unidos y España. Su forma de actuar varía según el territorio, desde alianzas con otros grupos criminales hasta disputas violentas por el control del microtráfico.
Las autoridades advierten que la combinación de movilidad, estructura flexible y aprovechamiento de poblaciones vulnerables ha permitido su rápida regeneración, pese a los golpes policiales.
Obstáculos para su desmantelamiento
A pesar de las acciones judiciales en Estados Unidos y Europa, el paradero del Niño Guerrero sigue siendo desconocido desde la intervención de la cárcel de Tocorón en 2023. Analistas sostienen que la falta de cooperación desde Venezuela sigue siendo uno de los principales obstáculos para el desmantelamiento total de la organización.
Mientras tanto, el Tren de Aragua continúa operando como una red criminal transnacional, adaptándose a nuevos territorios y manteniendo su capacidad de expansión.
Con información de ABC de España
