Entre el grito de «Viva Cristo Rey», órdenes judiciales y un polémico recorrido sobre cuerpos de guerrilleros abatidos Abelardo de la Espriella desata una feroz «batalla cultural» por la fe en Colombia. La proclamación reiterada de la consigna «¡Viva Cristo Rey!» y la constante incorporación de ritos confesionales en ceremonias oficiales de Estado se han transformado en la impronta definitoria del mandato del mandatario colombiano, Abelardo de la Espriella, desatando una intensa controversia jurídica y social sobre la presunta transgresión del principio constitucional de laicidad gubernamental.
Por lo tanto, lo que comenzó como un despliegue de fe personal durante su toma de posesión el pasado 7 de agosto derivó en recursos judiciales, sanciones en tribunales y un agrio choque ideológico entre el oficialismo y sectores opositores.
Ante este escenario, la Casa de Nariño se ha convertido en el epicentro de un debate sobre los límites entre las convicciones privadas de un gobernante y sus deberes institucionales republicanos.
La batalla cultural, los votos de fe y el giro ideológico del mandatario
En primer lugar, analistas políticos señalan que esta estrategia responde a una cruzada doctrinaria deliberada. Bibiana Ortega, profesora del departamento de Ciencia Política de la Universidad Javeriana de Bogotá, explicó a la agencia EFE que la utilización de elementos litúrgicos constituye el núcleo de la confrontación cultural prometida por el mandatario, quien concibe al cristianismo como una fuerza articuladora de identidad nacional que agrupa tanto a vertientes católicas como a influyentes congregaciones evangélicas con intereses afines.
En este sentido, la base electoral que lo respaldó en las urnas encuentra en su figura a un defensor de los modelos de familia tradicionales y un opositor tajante a la interrupción del embarazo y a los enfoques de género.
Asimismo, la narrativa mesiánica que rodea al gobernante contrasta con registros hemerográficos y publicaciones digitales de hace más de una década en las que se definía expresamente como ateo.
Frente a estas contradicciones del pasado, De la Espriella sostiene que experimentó una reconversión hace seis años hacia el catolicismo, mientras su colectividad política, Defensores de la Patria, lo promovió durante los comicios como un instrumento providencial llamado a transformar de raíz el rumbo de la nación.
Del retiro espiritual con biblias al revés en los estrados judiciales
Nombramientos pastorales y actos litúrgicos en el gabinete
Por su parte, tras triunfar en el balotaje del pasado 21 de junio, la influencia confesional se tradujo rápidamente en cuotas de poder como la designación del pastor evangélico Jaime Andrés Beltrán al frente del Ministerio de Vivienda.
De manera paralela, seis días antes de asumir el mando, el mandatario convocó a sus futuros ministros a un retiro espiritual preparatorio donde distribuyó ejemplares de la biblia a cada miembro del equipo y proclamó que sus determinaciones públicas tendrían la guía divina, acto que incluyó ceremonias eucarísticas y filmaciones donde aparecía de rodillas en oración para consolidar la lealtad de su público objetivo.
Órdenes de tutela y la controversia en Guaviare
Al respecto, la presencia confesional en la posesión presidencial —donde intervinieron el rabino David Michaan, el pastor Eduardo Cañas Estrada y el monseñor Francisco Múnera clamando por el cese de atentados terroristas y el retorno de la seguridad— derivó en un pronunciamiento judicial histórico.
Un juez de tutela de primera instancia determinó que el mandatario vulneró la neutralidad del Estado laico y le ordenó comparecer en una alocución televisiva y radial para ofrecer disculpas públicas al país, disposición que De la Espriella acató formalmente pero apeló de inmediato mientras continúa cerrando sus discursos con la consigna religiosa.
«Se pasea entre las bolsas con los cadáveres. Casi los pisa con desprecio. Se dice cristiano, pero en realidad es un ser sin escrúpulos y sin el más mínimo sentido de humanidad», denunció a través de la red social X el senador de izquierda Iván Cepeda, cuestionando la coherencia ética del mandatario.
Esta última crítica surgió luego de que la Presidencia difundiera imágenes del jefe de Estado caminando entre las bolsas plásticas con los restos de 23 supuestos disidentes de las FARC neutralizados durante una operación militar en el departamento de Guaviare.
Con información de EFE
