El crimen organizado se transforma y gana poder en América Latina, advierte el IISS. Las organizaciones criminales en América Latina están cambiando rápido. Más territorios, más ganancias y más capacidad para desafiar a las autoridades. Así lo revela el estudio “The Armed Conflict Survey 2025”, publicado este martes por el Instituto Internacional para Estudios Estratégicos (IISS).
El informe describe un ecosistema delictivo en expansión. Las redes criminales ya no dependen solo del narcotráfico. Ahora mezclan extorsiones, tráfico de migrantes, minería ilegal y alianzas regionales e incluso extrarregionales.
“El ecosistema criminal se está transformando dramáticamente”, señala el IISS. Los mercados ilícitos son más flexibles y las organizaciones buscan actividades más rentables y rápidas.
Drogas sintéticas: el negocio que desordena el mapa
Uno de los cambios más profundos está en el narcotráfico. El consumo de cocaína baja en Estados Unidos, mientras sube el de drogas sintéticas como el fentanilo y las metanfetaminas.
Este giro ha llevado a los grupos criminales a preferir químicos sobre cultivos. Producir una pastilla de fentanilo cuesta apenas 0,10 dólares y se vende entre 10 y 30 dólares.
El margen es enorme. Y la cadena de producción, más simple que la coca.
Mientras Trump exige más presión a México para frenar el ingreso de fentanilo, las muertes por esta droga siguen en aumento: 48.422 fallecidos en 2024 en Estados Unidos, según la ONUDD.
El crimen organizado se transforma y gana poder en América Latina, advierte el IISS
El estudio subraya que los grandes grupos criminales de la región ampliaron su catálogo de delitos.
Entre ellos figuran el Cártel de Sinaloa y el Cártel Jalisco Nueva Generación, en México; el Clan del Golfo, en Colombia; el Primer Comando Capital, en Brasil; y el Tren de Aragua, en Venezuela.
Todos han incorporado nuevas fuentes de ingreso.
El Clan del Golfo cobra “impuestos” en el Tapón del Darién a migrantes y a traficantes.
El Tren de Aragua aprovechó la migración venezolana hacia Chile para entrar al país y controlar barrios mediante extorsiones.
El IISS también destaca la minería ilegal en Sudamérica y las alianzas crecientes, como la conexión entre Los Lobos en Ecuador y el Cártel Jalisco.
Estados Unidos designó a ambos grupos –y al Tren de Aragua– como organizaciones terroristas este año.
El resultado no tardó en notarse: Ecuador registró 4.619 homicidios intencionales en el primer semestre de 2025, un salto del 47% frente a 2024.
Un Estado lento frente a grupos que se adaptan rápido
La región enfrenta una tormenta perfecta: estructuras criminales móviles y gobiernos que avanzan con menos velocidad.
El IISS advierte que las nuevas políticas de Estados Unidos –como las designaciones de terrorismo, la criminalización migratoria y los recortes de asistencia– pueden agravar los problemas locales y alterar el equilibrio en los mercados criminales.
El reto para América Latina es mayúsculo.
El estudio insiste en estrategias que combinen seguridad, inteligencia y cooperación transfronteriza. Pero también advierte que eso no basta.
Para reducir el poder criminal, los gobiernos deben fortalecer instituciones, combatir la impunidad y crear opciones reales para quienes hoy viven en zonas dominadas por estas redes.
La conclusión del IISS es directa: si los Estados no logran adaptarse al ritmo del crimen organizado, el mapa de violencia seguirá expandiéndose.
Con información de CNN
