Brigadas veterinarias despliegan un operativo de rescate en Cali para salvar y reunir con sus dueños a cientos de mascotas víctimas del terremoto. Un contingente de médicos veterinarios y voluntarios activó un amplio despliegue de primeros auxilios en las calles de la ciudad colombiana de Cali para socorrer a perros y gatos heridos, desorientados o separados de sus familias tras el terremoto de magnitud 7,4 ocurrido el pasado 10 de agosto.
Los especialistas recorren las zonas más devastadas con insumos médicos para asistir a pacientes que vivieron el impacto del sismo pero no pueden expresar su dolor con palabras.
Despliegue en la zona cero, traslados de urgencia y balance de atenciones
Sobre las primeras intervenciones en terreno, las cuadrillas acudieron a sitios críticos como el edificio colapsado de ocho pisos Ana Pilar, ubicado en el barrio Cuarto de Legua, donde extrajeron animales con heridas por vidrios rotos o atrapados bajo escombros para estabilizarlos y remitirlos de inmediato al Centro de Bienestar Animal (CBA).
En este sentido, los registros oficiales contabilizan 164 animales ingresados con vida al recinto, 34 localizados sin signos vitales, 80 atendidos de urgencia en los puestos de mando y 380 reportados como desaparecidos por sus cuidadores.
«Desde el minuto uno de la emergencia salimos a los epicentros de crisis e instalamos tres puntos coordinados con los PMU; estabilizábamos a cada animal rescatado y lo trasladábamos a nuestra base, que se convirtió en un sitio de crisis», explicó el líder de servicios veterinarios de la UAEPA, Miguel Ángel Burbano Vega.
Por consiguiente, los médicos mantienen hospitalizados a los ejemplares con diagnósticos graves para garantizar su recuperación física.
Terapias contra el trauma, reencuentros emotivos y red de voluntarios
Asistencia psicológica animal y reencuentros familiares
Por su parte, el equipo médico del CBA aplica terapias didácticas y tratamientos especializados para tratar el miedo, el estrés postraumático y la tristeza en perros y gatos que permanecen en silencio esperando a sus dueños.
En este contexto, la trabajadora del recinto Estefany Quintero destacó la profunda emoción de las familias que logran localizar a sus compañeros de vida, representando en muchos casos el único vínculo afectivo que conservan tras perder sus viviendas.
Solidaridad ciudadana, adopciones y voluntariado
Por otro lado, la directora de la UAEPA, Carmen Elena Domínguez Murillo, informó que la solidaridad ciudadana facilitó la adopción de 86 animales, lo que permitió descongestionar las instalaciones para seguir albergando nuevos ingresos. Ciertamente, la iniciativa cuenta con el respaldo de rescatistas con décadas de trayectoria como María Luz Apio, quien viaja diariamente más de dos horas desde la zona rural de El Saladito para colaborar en el aseo y cuidado de los refugiados.
Con información de EFE
