Economía venezolana en 2026: proyecciones divididas, riesgos persistentes y ventanas de oportunidad. El panorama económico de Venezuela para 2026 llega con señales contradictorias. Organismos internacionales proyectan tendencias distintas y los analistas locales también destinan sus advertencias. Mientras el Fondo Monetario Internacional prevé una caída del PIB cercana a -3%, Oxford Economics y la CEPAL apuntan hacia un crecimiento cercano al 3% o 4,2%. La dispersión refleja la complejidad del escenario.
El futuro inmediato dependerá de la capacidad del país para sostener la recuperación del sector petrolero. Aunque la producción muestra avances, sigue limitada por sanciones, falta de inversión y deterioro tecnológico.
Economía venezolana en 2026: proyecciones divididas, riesgos persistentes y ventanas de oportunidad
El economista César Aristimuño estima un crecimiento de 4,5% para 2026. Señala que la economía combina señales positivas con riesgos persistentes. Destaca el repunte de la producción petrolera y la continuidad de las licencias otorgadas a empresas extranjeras. Sin embargo, advierte que la inflación, la volatilidad cambiaria y la debilidad del bolívar seguirán condicionando el avance.
Aristimuño sostiene que será clave lograr una desaceleración real de la inflación y enviar señales creíbles de estabilidad cambiaria. También recuerda que muchos venezolanos viven los efectos de los precios de forma silenciosa cada día.
Sobre el sector externo, apunta que una mayor apertura comercial y acuerdos con petroleras pueden acelerar la entrada de divisas. Pero reconoce que nuevos choques internacionales o restricciones adicionales pueden empañar ese escenario.
El economista también resalta el auge del uso de USDT y otras monedas estables. Afirma que la población y el sector comercial buscan protegerse de la devaluación y la falta de efectivo en divisas.
Luis Vicente León: no se pueden hacer proyecciones lineales
El presidente de Datanálisis, Luis Vicente León, advierte que hacer proyecciones lineales en la actual incertidumbre es un error. Sostiene que los resultados dependen de si se mantiene el ruido político o se estabiliza el entorno.
En un escenario con tensiones, prevé una inflación alta, pero no un regreso inmediato a la hiperinflación. Afirma que, incluso con precios elevados, puede haber una desaceleración respecto a 2025 si el mercado se reajusta.
León considera que la devaluación continuará bajo un esquema de “Crawling Peg”, con ajustes graduales del tipo de cambio. Cree que las stablecoins seguirán creciendo por el aumento de pagos y cobros en criptoactivos vinculados al petróleo.
El analista señala que el consumo podría mantenerse estable. Además, recuerda que la política económica venezolana gira más en torno al ingreso laboral que al salario formal.
Luis Crespo: un entorno frágil y dependiente de pocos sectores
El profesor de la UCV, Luis Crespo, coincide en que la inflación se ha desbordado. Afirma que la depreciación del bolívar ha sido profunda y que las intervenciones del Banco Central disminuyeron en comparación con años previos.
Para Crespo, el crédito sigue limitado por políticas inconsistentes que impiden a la banca expandirse. Sostiene que potenciar los préstamos permitiría impulsar la producción.
Sobre 2026, advierte que la inversión extranjera seguirá siendo reducida y muy sectorizada. Identifica oportunidades solo en hidrocarburos, turismo y sectores alineados a políticas oficiales. También afirma que el país opera hoy con una economía que produce muy por debajo de su capacidad histórica.
Prevé una desaceleración en 2026 condicionada por la geopolítica y las relaciones entre Caracas y Washington. También cita una brecha cambiaria cercana al 50%.
Andrés Giussepe: resiliencia, dolarización pragmática y un país laboratorio
El economista Andrés Giussepe afirma que la inflación podría cerrar 2025 por encima de 250%. Advierte que, si la tendencia continúa, el país podría acercarse a un escenario hiperinflacionario.
Giussepe considera que la dolarización se ha ralentizado, aunque buena parte de las transacciones siguen realizándose en bolívares. También señala que la política exterior de Estados Unidos mantiene un clima de fragilidad que aleja inversiones.
Aun así, ve a Venezuela como un “laboratorio de oportunidades”. Cree que, si mejoran las relaciones internacionales y se flexibilizan sanciones, el país podría iniciar un ciclo de crecimiento sostenido, aunque desigual.
Para el analista, la resiliencia del sector privado, la expansión del uso de monedas digitales y el potencial del petróleo pueden sostener un avance moderado. Pero necesitarán estabilidad macroeconómica y claridad institucional.
Con información de Banca y Negocios
