Trump impone los términos lago América o golfo de América para rememorar la era expansionista en la que Estados Unidos reclamó el nombre de un continente. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, intensificó este martes 15 de septiembre de 2026 su controvertida campaña para remarcar la hegemonía de su país mediante órdenes ejecutivas que rebautizan importantes accidentes geográficos compartidos con nombres patrióticos, entre ellos la designación del fronterizo lago Ontario como lago América.
Por lo tanto, esta maniobra gubernamental revive el viejo debate sobre la apropiación histórica que Washington mantiene sobre la denominación de todo un continente, extendiendo el conflicto identitario hacia aguas y territorios limítrofes.
Ante este escenario, la Casa Blanca apalanca su narrativa en demostraciones de fuerza política que alteran cartografías digitales y protocolos administrativos locales, aunque estas imposiciones carezcan de reconocimiento y validez jurídica allende las fronteras estadounidenses.
Decretos sobre el golfo y los lagos bajo la impronta de la grandeza nacional
Apenas asumió su segundo mandato en la Casa Blanca, Trump firmó un decreto presidencial para renombrar el golfo de México como golfo de América, argumentando que la medida busca restaurar apelativos que honren la grandeza estadounidense, a pesar de que esas aguas costeras bañan de forma compartida las costas de México y Cuba.
Asimismo, en el marco de la reciente escalada arancelaria con el gobierno de Ottawa, el líder republicano ordenó aplicar el nombre de lago América al lago Ontario en la frontera con Canadá, y sugirió hace pocos días la idea de transformar el estado de Nuevo México en Nueva América.
Estas modificaciones administrativas ya operan formalmente dentro de las fronteras norteamericanas mediante aplicaciones de geolocalización como Apple Maps y Google Maps, plataformas que reflejan las nuevas etiquetas geográficas exclusivamente cuando los usuarios realizan consultas desde computadoras o teléfonos ubicados dentro de Estados Unidos.
De las Trece Colonias al expansionismo de 1898
El dilema histórico de nombrar al experimento
Por su parte, historiadores e investigadores contextualizan este fenómeno dentro de la evolución semántica de la potencia norteamericana.
Aunque la cartografía derivó el término América de la atribución al navegante Américo Vespucio para designar a la masa continental que recorre desde Canadá hasta el confín austral de Chile y Argentina, los padres fundadores evitaron monopolizar esa palabra al fundar la república que cumplió 250 años en julio pasado.
Al respecto, el historiador Daniel Immerwahr, docente de la Northwestern University y autor de la obra Cómo esconder un imperio: Una historia del Gran Estados Unidos, explicó en un ensayo para Mother Jones que la generación de George Washington utilizaba términos como «la Unión» o «la República», mientras intelectuales decimonónicos barajaban denominaciones como Columbia o Fredonia para individualizar al naciente Estado.
La inflexión imperial y el salto hacia ultramar
Al respecto, Immerwahr subraya que el salto decisivo hacia el colonialismo a finales del siglo XIX transformó el vocabulario político tras arrebatar a la corona española los enclaves de Filipinas, Puerto Rico y Guam, anexando paralelamente a Hawái y Samoa Americana.
Voceros de esa época, encabezados por el mandatario Theodore Roosevelt, adoptaron casi en exclusiva la palabra América para aglutinar bajo una misma etiqueta a territorios y colonias que no integraban formalmente una unión voluntaria, cimentando una costumbre que hoy genera constante rechazo en el resto de los países de la región.
La ‘doctrina Donroe’, mapas hegemónicos y la respuesta satírica
Finalmente, Donald Trump consolidó este patrón discursivo bajo la bautizada «doctrina Donroe», una reinterpretación personalísima de la doctrina Monroe de 1823 mediante la cual Washington proclama su dominio incuestionable sobre las Américas.
Horas después de sugerir el cambio para Nuevo México, el mandatario compartió en su perfil de la red Truth Social una ilustración en la que las barras y estrellas estadounidenses cubren la superficie de Canadá, México, el Caribe, Groenlandia e Islandia.
Con información de EFE
