Satélites de la NASA detectan que El Niño avanza a un ritmo acelerado con una fuerza que podría superar el récord devastador de 1997 al tiempo que las aguas del Pacífico acumulan calor extremo frente a Sudamérica. Las imágenes satelitales más recientes de la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) revelaron este sábado 24 de octubre de 2026 que el actual fenómeno de El Niño evoluciona a un ritmo acelerado en las profundidades del océano Pacífico.
La agencia espacial estadounidense constató que el evento en desarrollo exhibe una intensidad destructiva plenamente comparable e incluso potencialmente superior a los episodios climáticos más feroces documentados en las últimas décadas.
Dicha aceleración intempestiva en la temperatura superficial marina enciende las alarmas meteorológicas en los cinco continentes por la amenaza inminente de desastres hidrológicos y sequías calcinantes.
Análisis comparativo de 35 años y el pronóstico de los oceanógrafos
El equipo multidisciplinario de la agencia aeroespacial cotejó minuciosamente la curva térmica del ciclo en curso frente a las bases de datos recabadas desde finales del siglo pasado:
- Los expertos de la NASA procesaron 35 años de observaciones continuas captadas por instrumentos orbitales prácticamente gemelos para calibrar la magnitud del evento.
- Los climatólogos compararon directamente la curva actual con los registros de 1997 y 2015, considerados unánimemente como los ciclos más violentos y costosos de la historia contemporánea.
- El científico de misiones del nivel del mar de la NASA, Josh Willis, advirtió sobre la fuerza del fenómeno al declarar: «Contamos con un registro de 35 años de satélites casi idénticos. Esto nos permite comparar este fenómeno con el de 1997 y, en este momento, parece que va a ser aún más intenso».
- Las lecturas altimétricas —sensores que cuantifican la dilatación física de la masa marina provocada por la absorción del calor— confirmaron un abombamiento inusual del océano frente a las costas de Sudamérica.
- Las mediciones corroboran que la masa líquida almacena una cantidad colosal de energía térmica capaz de alterar los patrones globales de vientos y nubosidad.
En tal sentido, los centros meteorológicos de América Latina actualizan sus planes de contingencia para mitigar los posibles desbordamientos de cuencas fluviales.
A este respecto, diversos meteorólogos advierten que la interacción entre el mar sobrecalentado y la atmósfera desatará perturbaciones de gran envergadura durante el próximo trimestre.
Aunado a esto, los sectores agrícolas de la región andina y del cono sur temen pérdidas considerables en la siembra de cereales debido a las precipitaciones torrenciales.
Asimismo, los comités de gestión de riesgos recomiendan a las poblaciones ribereñas limpiar los cauces naturales y fortalecer los muros de contención.
La huella destructiva de 1997 y la velocidad inédita del ciclo 2026
Similitudes estructurales con una catástrofe histórica
Por otra parte, la actual distribución espacial de las temperaturas marinas revive los peores recuerdos de las emergencias humanitarias provocadas por la naturaleza hace casi tres décadas.
El patrón observado en las pantallas de la NASA guarda un paralelismo asombroso con la estructura térmica del episodio registrado entre 1997 y 1998 en toda la franja ecuatorial.
Aquel evento de finales del milenio desencadenó sequías devastadoras e incendios incontrolables en los bosques de la Amazonía y en los archipiélagos de Indonesia.
Dicho cataclismo descargó paralelamente precipitaciones diluviales e inundaciones sin precedentes históricos tanto en las regiones litorales de Sudamérica como en el territorio de Norteamérica.
En consecuencia, los expertos de la agencia espacial proyectan impactos de similar envergadura territorial si la masa cálida sostiene su desplazamiento hacia el este.
De igual manera, los organismos internacionales de socorro preparan reservas de suministros alimentarios para responder a posibles crisis de desabastecimiento.
La aceleración sin precedentes y el margen atmosférico
Por añadidura, los científicos descubrieron un elemento singular y perturbador que diferencia radicalmente a este fenómeno de cualquier medición del pasado.
El ciclo de 2026 exhibe una velocidad de formación nunca antes vista, caracterizada por un calentamiento abrupto y repentino de las aguas profundas y superficiales del Pacífico.
Dicha aceleración supera la tasa de cambio térmico registrada durante los meses previos a las grandes crisis ambientales de 1997 y 2015.
A pesar de la milimétrica exactitud que ofrecen las herramientas satelitales, los investigadores admitieron que la atmósfera conserva un margen natural de variabilidad e incertidumbre.
Dichas oscilaciones imprevistas en los vientos alisios determinarán la trayectoria final, por lo que las lecturas presentes constituyen la estimación más rigurosa disponible para anticipar el comportamiento del clima en los meses venideros.
Por otro lado, los gobiernos costeros coordinan con los observatorios marinos para emitir alertas tempranas dirigidas a las flotas pesqueras y puertos comerciales.
De modo que los datos de 35 años de satélites, la advertencia categórica de Josh Willis, la comparación con el drama de 1997 y la rapidez inusitada del calentamiento del Pacífico configuran una seria advertencia para el planeta.
Con información de Alberto News
