EE. UU. marca la hoja de ruta para Venezuela: privatización y «marco jurídico estable» para las multinacionales. El encargado de negocios John M. Barrett anuncia un plan de tres fases bajo la doctrina de Donald Trump y Marco Rubio. El sector energético y las plataformas tecnológicas lideran el interés de Washington.
La Casa Blanca ha comenzado a desplegar de forma explícita su estrategia para el futuro económico de Venezuela. El encargado de negocios de Estados Unidos en Caracas, John M. Barrett, ha condicionado este miércoles el éxito de la reconstrucción del país a la creación de un entorno legal que priorice la inversión privada y brinde garantías plenas a los actores internacionales.
EE. UU. marca la hoja de ruta para Venezuela: privatización y «marco jurídico estable» para las multinacionales
Siguiendo la línea trazada por el presidente Donald Trump y el secretario de Estado Marco Rubio, Barrett ha detallado un esquema de tres fases —estabilización, recuperación y transición— diseñado para integrar nuevamente a Venezuela en los circuitos financieros globales tras el drástico giro en las relaciones bilaterales iniciado este año. Para Washington, la clave no es solo la inversión, sino que esta provenga de «empresas de alta calidad» bajo estándares regulatorios estadounidenses.
La diplomacia de los negocios
El activismo de Barrett no se ha limitado a lo retórico. El diplomático confirmó que durante esta semana ha mantenido una intensa agenda de reuniones con los pesos pesados del sector empresarial y energético. Entre los nombres citados destacan gigantes como GE Vernova, la plataforma de consumo Cashea, la Cámara Petrolera de Venezuela, Venezuela Gas y la Asociación de Hidrocarburos.
Esta ronda de contactos evidencia que el interés de Washington se centra en la reactivación del sector extractivo y en el control de las redes de servicios y consumo, sectores que el diplomático considera fundamentales para la «transformación» del país. “El sector privado está listo para transformar Venezuela”, sentenció Barrett, enviando un mensaje claro a las empresas locales y extranjeras sobre quién llevará el timón de la reactivación.
¿Recuperación o tutelaje?
El planteamiento de la administración Trump pone sobre la mesa el debate sobre la soberanía económica venezolana. Mientras los sectores empresariales celebran la posibilidad de un flujo de capitales que ponga fin a años de parálisis, otros sectores observan con cautela cómo el «entorno regulatorio» exigido por EE. UU. podría traducirse en una privatización acelerada de recursos estratégicos.
Con la industria petrolera y gasífera en el punto de mira, Barrett ha dejado claro que el «nuevo ciclo» de relaciones no se limita a la diplomacia política, sino que busca establecer las bases de un modelo económico alineado con los intereses de Washington, donde la inversión privada sea el motor y el Estado un facilitador de un marco jurídico a medida del mercado.
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