Estados Unidos comanda desde la base militar de Taura en Ecuador una renovada ofensiva aeronaval contra los cárteles del narcotráfico en aguas del Pacífico. Las fuerzas armadas de Estados Unidos dirigen su nueva ofensiva a gran escala contra el narcotráfico directamente desde la base aérea de Taura, un histórico enclave militar ecuatoriano situado a apenas una hora de Guayaquil, el principal puerto fluvial por donde las mafias despachan toneladas de alcaloides con destino a territorio norteamericano.
Una detallada investigación de la agencia de noticias AFP, sustentada en registros de navegación aérea, tomas satelitales, informes reservados de defensa y testimonios en el terreno, confirmó un despliegue operativo sin precedentes de tropas, aeronaves pesadas y obras de infraestructura castrense este miércoles 28 de octubre de 2026.
Dicho centro de operaciones revive la cooperación bélica directa en la franja andina y capta la mirada inmediata de analistas geopolíticos en el estado Zulia y en toda Sudamérica, pues reactiva la presencia armada foránea en una nación que arrastra severas tasas de violencia delictiva.
El músculo aéreo de Washington y la infraestructura de combate en Taura
El mando castrense norteamericano estructuró un auténtico puente aéreo para dotar al complejo ecuatoriano de los recursos bélicos más sofisticados del inventario militar.
Los registros de aeronavegación analizados por la agencia de noticias revelan continuos aterrizajes y despegues de aeronaves estratégicas como los aviones de transporte pesado C-130 Hércules y C-17 Globemaster, además de aeronaves híbridas V-22 Osprey y escuadrones de helicópteros de combate Black Hawk.
Dichas misiones enlazan de manera regular las pistas de Taura con instalaciones neurálgicas en Estados Unidos, incluyendo la base de los Marines de Cherry Point en Carolina del Norte y la base aérea de Dover en Delaware, efectuando paradas logísticas en pistas aliadas de Panamá y Puerto Rico.
Imágenes satelitales
Las imágenes satelitales confirman trabajos de remoción de densa vegetación a lo largo de decenas de metros adyacentes a la pista principal, cuya longitud superior a los 3.000 metros sobrepasa con creces las dimensiones del propio aeropuerto civil de Guayaquil.
En tal sentido, las brigadas de ingenieros levantaron decenas de carpas para albergar al personal militar foráneo y construyeron un enorme hangar desmontable de 40 metros por 20 metros destinado exclusivamente al ensamblaje, peritaje y mantenimiento de las naves de interdicción.
A este respecto, el coronel retirado de la aviación, Roberto Marchán, diagnosticó que este despliegue de naves pesadas garantiza la rápida movilización de contingentes tácticos y municiones hacia cualquier punto de la cordillera andina para golpear laboratorios y pistas clandestinas.
Aunado a esto, las Fuerzas Armadas ecuatorianas incorporaron formalmente a su flota tres helicópteros Black Hawk proporcionados por Washington y alistan dos drones MQ-9 Reaper, aparatos letales diseñados para tareas de espionaje aéreo y ataques de precisión que el Pentágono utilizó previamente en teatros bélicos de África y Medio Oriente.
Asimismo, analistas de seguridad señalan que la proximidad de Taura a las salidas marítimas de Guayas brinda a los radares estadounidenses una ventaja temporal invaluable para neutralizar los semisumergibles cargados de clorhidrato de cocaína antes de que ganen aguas abiertas.
La visión de Daniel Noboa y las tensiones institucionales por la soberanía
La alianza con la Casa Blanca frente al crimen organizado
Por otra parte, el presidente de Ecuador, Daniel Noboa, respaldó abiertamente la conversión de este recinto en el cuartel general de las operaciones conjuntas antinarcóticos.
El gobernante ratificó que su administración gestiona con Estados Unidos, Brasil y la Unión Europea una cooperación integral en Taura para modernizar las pistas de carreteo y ejecutar patrullajes combinados de alto impacto.
Noboa argumentó con claridad la idoneidad técnica del emplazamiento durante una entrevista televisiva en idioma inglés: «Creo que es mucho más apropiado trasladarlo todo a Taura», destacando que la base opera de forma exclusiva para fines castrenses sin interferencias del tráfico de pasajeros comerciales y se sitúa en la provincia ecuatoriana con «la mayor tasa de crimen y homicidios».
Dicho endurecimiento operacional coincide con la estrategia del presidente Donald Trump en Washington, quien acelera la persecución armada a los cárteles en América Latina y el Caribe en la antesala de los comicios legislativos del próximo 3 de noviembre.
No obstante, esta activa presencia norteamericana suscita asperezas en el seno castrense ecuatoriano, recordando la remoción fulminante del general Mauricio Salazar tras consultar sobre el encuadre legal de acoger tropas foráneas a menos de un año del referendo popular que rechazó los enclaves extranjeros.
El coronel Marchán reconoció que en las barracas militares impera la prudencia ante los cambios en el mando: «Hay cierto malestar entre la tropa, pero se lo guardan por respeto a la institución y por temor a perder ascensos».
La memoria de Manta y el clamor social en los alrededores de la base
Por añadidura, la consolidación de Taura como epicentro del combate a los narcos evoca los diez años en los que el ejército norteamericano utilizó el puerto de Manta como centro neurálgico antidrogas hasta el cese definitivo del convenio en 2009.
Aquel antecedente despierta inquietud entre defensores de los derechos civiles, mientras que en las calles sin asfaltar del caserío de Taura, donde residen 9.400 habitantes sin acueductos, los vecinos atestiguan el constante sobrevuelo de los colosos del aire.
Lideresas comunitarias como Fidela Martínez recuerdan los temores que reinan en los senderos por la violencia de los grupos delictivos: «Nadie viene por aquí, creen que es peligroso porque a veces encuentran cuerpos botados».
Por el contrario, comerciantes locales como Tito Henríquez consideran «maravilloso» que soldados extranjeros apoyen las tareas de pacificación en un país que registró una tasa récord de 51 homicidios por cada 100.000 habitantes durante el último año.
De modo que los aviones C-17 y Hércules en pista, la operatividad inminente de los drones Reaper, las directrices de Daniel Noboa y la conducción técnica del Pentágono configuran el nuevo frente de guerra contra el narcotráfico en el Pacífico sudamericano.
Con información de AFP
