El oro cede terreno por debajo de los cuatro mil dólares por onza ante la presión inflacionaria del petróleo. El mercado del oro registró una marcada pérdida semanal que arrastró su valor hasta situarse por debajo de los 4.000 dólares por onza.
Dicha contracción situó al lingote cerca de su registro más bajo en el último trimestre, colocando a los operadores bursátiles frente a un examen decisivo al inicio de la jornada de este lunes 26 de octubre de 2026.
La corrección generó asombro en las mesas de cambio debido a que el retroceso coincidió con una fase en la que tanto las entidades bancarias centrales como los inversionistas privados canalizaban cuantiosos flujos de capital hacia este mineral precioso.
El impacto del crudo, la Reserva Federal y el piso de tres meses
La génesis de esta liquidación semanal respondió principalmente a la escalada previa que exhibieron las tarifas internacionales de los hidrocarburos.
El encarecimiento del barril de petróleo activó de inmediato las alarmas sobre un repunte en el índice de precios al consumidor, incentivando apuestas firmes sobre posibles ajustes al alza en las tasas de interés por parte de la Reserva Federal (Fed).
En tal sentido, la posibilidad de un costo del dinero más alto fortaleció los rendimientos de la deuda soberana y restó brillo temporal a los activos que no devengan intereses directos.
A este respecto, analistas del mercado de materias primas explican que el descenso del metal bajo el umbral de los 4.000 dólares aceleró ventas automáticas en las plazas de Londres y Nueva York.
Aunado a esto, los inversionistas debieron asimilar la contradicción entre una fuerte presión vendedora en el corto plazo y las compras continuas de lingotes por parte de los bancos centrales.
Asimismo, las mesas de dinero reorganizaron sus carteras de cobertura a la espera de las próximas orientaciones que emita la junta de gobernadores del banco central estadounidense.
La división de posturas en Wall Street y la tregua del petróleo
Las dudas del parqué frente al optimismo mayoritario
Por otra parte, la caída del metal bajo la cota de los 4.000 dólares desató un debate frontal entre los operadores de la plaza neoyorquina.
Mientras una porción de las firmas de Wall Street duda de la solidez que pueda exhibir el lingote a corto plazo, la corriente estructural conserva una orientación alcista respaldada por sondeos que reflejan una amplia mayoría de expectativas favorables ante un segmento minoritario pesimista.
Dicha confianza a mediano y largo plazo radica en el papel histórico que desempeña el mineral dorado para resguardar patrimonios frente a la volatilidad macroeconómica y la pérdida de valor de las divisas.
En consecuencia, los administradores de activos aprovechan los descensos transitorios para incorporar volúmenes adicionales de metal en sus carteras institucionales.
De igual manera, las tesorerías de las naciones emergentes ratifican su interés por elevar sus reservas físicas para reducir su exposición a contingencias financieras externas.
La recuperación en las pizarras y el repunte de los futuros
Por añadidura, las pizarras electrónicas mostraron signos evidentes de serenidad en el transcurso de las horas más recientes.
El metal dorado logró estabilizar sus valores al contado y sumó alzas perceptibles tanto en su cotización de mostrador como en el segmento de contratos de futuros.
Dicho avance técnico derivó de una distensión en los precios globales del petróleo, cuyo descenso ayudó a moderar las inquietudes inmediatas vinculadas al ciclo inflacionario.
Por otro lado, la menor tensión en los contratos de hidrocarburos devolvió margen de maniobra a los compradores para recomponer sus posiciones en metales.
De modo que la pérdida transitoria de la marca de los 4.000 dólares, las divergencias analíticas en Wall Street, el factor restrictivo de la Reserva Federal y el respiro derivado del petróleo determinan el rumbo inmediato de este instrumento financiero.
Con información de EFE
