Valencia, 9 de febrero de 2026-. Vínculos con Epstein ponen en duda continuidad del primer ministro de Reino Unido. La situación actual es la más delicada de su mandato, tras revelaciones sobre vínculos de Peter Mandelson con Jeffrey Epstein.
En diez días, la filtración de correos y documentos ha generado dimisiones en Downing Street y críticas masivas.
Vínculos con Epstein ponen en duda continuidad del primer ministro de Reino Unido
Starmer nombró a Mandelson embajador en Washington en 2024, a pesar de conocerse su relación con Epstein.
La publicación de documentos estadounidenses recientes mostró contactos con información gubernamental sensible en 2009, durante el gobierno de Gordon Brown.
El primer ministro destituyó a Mandelson en 2025, pero los correos recién difundidos revelan detalles aún más graves.
El material incluye posibles comparticiones de información oficial que podrían haber influido en mercados y decisiones políticas.
Dimisiones y presión política
La crisis provocó la renuncia del jefe de gabinete Morgan McSweeney el 8 de febrero y del director de comunicaciones Tim Allan.
Ambos señalaron la necesidad de formar un nuevo equipo, aunque reiteraron apoyo a Starmer, sin frenar la presión política.
Sectores de la oposición, como conservadores, liberales y el Partido Nacional Escocés, piden directamente la renuncia del primer ministro.
Legisladores laboristas también cuestionan su liderazgo y capacidad de criterio tras el polémico nombramiento de Mandelson.
Impacto en la opinión pública
Encuestas recientes muestran que 55% de los británicos considera que Starmer debería dimitir.
Su valoración neta es negativa: -44 en cercanía con la gente y -40 en liderazgo percibido como fuerte.
El caso Epstein amplió su efecto al Reino Unido, afectando incluso al príncipe Andrés y generando preocupación en la familia real.
Guillermo y Catalina han expresado inquietud por las nuevas evidencias que podrían involucrar información confidencial británica compartida con Epstein.
La crisis pone en jaque al Gobierno laborista y al liderazgo de Starmer, mientras la opinión pública y el Parlamento observan cada movimiento.
