Talibanes guardan silencio tras explosión mortal en Kabul. Las autoridades talibanas mantuvieron este martes silencio tras la explosión registrada el lunes en el centro de Kabul, que dejó al menos siete muertos y una veintena de heridos, mientras figuras del antiguo liderazgo político afgano condenaron el ataque y expresaron sus condolencias a las víctimas.
El expresidente afgano Hamid Karzai rechazó el suceso en un mensaje publicado en la red social X, donde afirmó sentirse “profundamente entristecido” por la pérdida de vidas humanas causada por la explosión en el barrio de Shahr-e-Naw, una zona céntrica y concurrida de la capital.
Talibanes guardan silencio tras explosión mortal en Kabul
En la misma línea, el exjefe del Alto Consejo para la Reconciliación Nacional, Abdullah Abdullah, calificó lo ocurrido como un acto inhumano y contrario a los principios islámicos, a los valores humanos y a la voluntad del pueblo afgano.
La explosión ocurrió en el interior del restaurante Chinese Noodle, ubicado en el Cuarto Distrito Policial de Kabul. El estallido causó la muerte de siete personas —un ciudadano chino identificado como Ayub y seis afganos— y dejó al menos 20 heridos, entre ellos mujeres y un niño, según confirmaron el hospital de la ONG italiana Emergency y fuentes policiales.
El portavoz de la Policía de Kabul, Jalid Zadran, explicó que la detonación se originó cerca de la cocina del establecimiento, gestionado por socios afganos y chinos, y frecuentado por miembros de la comunidad musulmana china residente en la capital.
Aunque las autoridades talibanas no han confirmado oficialmente que se trate de un atentado, la filial afgana del grupo yihadista Estado Islámico de Jorasán (EI-K) aseguró posteriormente que el ataque fue ejecutado por un atacante suicida.
Este tipo de incidentes de seguridad en pleno centro de Kabul se han vuelto poco habituales desde el regreso de los talibanes al poder en agosto de 2021, quienes sostienen parte de su legitimidad interna en la promesa de haber restablecido el orden tras dos décadas de conflicto.
Para el gobierno de facto talibán, que mantiene una relación pragmática con China, garantizar la seguridad de ciudadanos e intereses chinos resulta clave para preservar una de sus principales alianzas económicas, fundamental para intentar reactivar una economía golpeada por el aislamiento internacional.
