Steve Buscemi cambió los reflectores de Hollywood por los escombros del 11 de septiembre para rescatar sobrevivientes en secreto y terminó enfrentando secuelas imborrables. El actor estadounidense Steve Buscemi decidió alejarse por completo de los estudios de filmación en septiembre de 2001 para retornar al cuartel donde sirvió durante la década de 1980, sumándose de forma anónima a las complejas labores de búsqueda entre las ruinas humeantes del World Trade Center.
El intérprete tomó su antiguo uniforme de protección y se presentó ante sus viejos compañeros de la compañía Engine 55 de Manhattan apenas transcurridas veinticuatro horas de los atentados terroristas.
Ante este escenario, la estrella cinematográfica rechazó cualquier tipo de cobertura mediática para integrarse como un voluntario más en la remoción de escombros, una vivencia extrema que dejó secuelas psicológicas profundas en su vida personal y que consolidó su compromiso social con los equipos de primera respuesta.
Retorno a Engine 55, jornadas de doce horas y rechazo a la publicidad
En primer lugar, Buscemi forjó su vínculo con el Departamento de Bomberos de Nueva York (FDNY) en 1980 tras aprobar la prueba de servicio civil con apenas 18 años, prestando sus servicios en Little Italy durante cuatro ejercicios continuos antes de consolidar su trayectoria en la industria cinematográfica en 1984.
En este sentido, la caída de las torres despertó de inmediato su sentido del deber cívico:
- Búsqueda inmediata: Al no recibir respuesta telefónica en su antiguo cuartel, el actor acudió directamente al epicentro del desastre para ubicar a sus colegas.
- Integración al equipo: A pesar del recelo inicial de algunos miembros de la cuadrilla, los oficiales le permitieron sumarse a las cuadrillas de trabajo.
- Cadena de escombros: Durante cinco jornadas continuas, Buscemi cumplió turnos de doce horas levantando fragmentos de concreto y polvo tóxico en busca de sobrevivientes.
- Silencio ante la prensa: El actor prohibió las entrevistas y rechazó cualquier sesión fotográfica en el lugar, ratificando que no acudía por figuración pública sino por hermandad.
Asimismo, Buscemi describió el panorama de Ground Zero como un entorno completamente irreconocible y alienígena, reconociendo que la intensa faena física le brindó un respiro momentáneo para mantener la mente enfocada en medio de la conmoción general.
Secuelas emocionales, estrés postraumático y la lucha por los bomberos
El impacto invisible tras abandonar la Zona Cero
Por su parte, el retorno a la rutina diaria desató un cuadro anímico complejo para el artista neoyorquino una vez que abandonó los terrenos del desastre.
Al respecto, Buscemi experimentó episodios severos de depresión, ansiedad aguda e incapacidad para tomar decisiones cotidianas elementales, derivando en un diagnóstico clínico de trastorno de estrés postraumático (PTSD).
El propio intérprete admitió que rememorar aquellos días revive de inmediato las emociones contenidas y la angustia que significó toparse con restos humanos en las zanjas de rescate.
Activismo en favor de los primeros respondedores
Al respecto, la experiencia personal impulsó al actor a transformar su dolor en una causa permanente de activismo público en defensa del personal de rescate.
Buscemi levantó la voz para alertar sobre las patologías pulmonares y degenerativas que padecen miles de rescatistas por inhalar partículas químicas nocivas durante las faenas en la Zona Cero.
Igualmente, colabora de forma activa con organizaciones benéficas como Friends of Firefighters para ofrecer asistencia psicológica y contención médica a los bomberos activos, jubilados y a sus núcleos familiares, advirtiendo que los propios héroes suelen ignorar cuándo necesitan ayuda especializada.
Por Infobae
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