Ministerio de Salud de Panamá confirma una segunda muerte por el terremoto de magnitud 7,7 tras fallecer en el hospital una educadora en coma que intentaba evacuar su escuela en Veraguas. Las autoridades sanitarias de Panamá confirmaron este jueves 22 de octubre de 2026 el deceso de una segunda persona como consecuencia directa del terremoto de magnitud 7,7 ocurrido el pasado 9 de octubre.
La víctima, una educadora de 60 años identificada con el apellido Miranda, permanecía en estado de coma en una unidad de cuidados intensivos luego de sufrir un traumatismo craneoencefálico severo al precipitarse contra el suelo durante la evacuación de la escuela donde laboraba en Santiago de Veraguas, localidad próxima al epicentro.
Dicha confirmación oficial eleva el recuento de pérdidas humanas en una tragedia que ya acumula más de 13.000 damnificados y graves daños en la infraestructura vial del interior del país.
El cuadro clínico de la docente y el balance oficial de víctimas
El Ministerio de Salud panameño detalló las intervenciones quirúrgicas que practicaron los especialistas para intentar salvar a la paciente:
- Los equipos de emergencia trasladaron a la trabajadora escolar al hospital regional de Veraguas inmediatamente después del accidente en el centro educativo.
- El despacho sanitario explicó que el servicio de Neurocirugía brindó atención técnica prioritaria para estabilizar la severa lesión craneal.
- El informe institucional confirmó el desenlace hospitalario: «Pese a los esfuerzos del equipo médico, falleció después de permanecer en estado de coma».
- El registro estatal contabiliza hasta el momento dos muertes directas, menos de una treintena de heridos y ningún reporte de personas desaparecidas en todo el territorio.
- El primer fallecimiento ocurrió el pasado 14 de octubre en la capital, donde una ciudadana de 68 años murió tras una cirugía abdominal por la caída de una viga habitacional.
En tal sentido, los parientes de la primera fallecida denunciaron retrasos en los protocolos de respuesta y traslados de urgencia desde las zonas campesinas.
A este respecto, diversas organizaciones de socorro recuerdan que la lejanía geográfica de los caseríos complica las maniobras de las ambulancias en momentos críticos.
Aunado a esto, el personal docente del distrito de Santiago rinde tributo a su compañera mientras exige inspecciones rigurosas en las estructuras de los planteles educativos.
Asimismo, los funcionarios del Ministerio de Educación coordinan censos estructurales para reparar techos y muros agrietados en las aulas del interior.
Estragos en Azuero y la emergencia habitacional
Comunidades a la intemperie y refugios temporales
Por otra parte, la fuerza del terremoto castigó severamente el entorno rural de la península de Azuero, epicentro del choque de placas.
Dicha área geográfica presenta poblados enteros destruidos, vías terrestres fracturadas y familias pernoctando en tiendas de campaña bajo la ayuda de la ciudadanía.
Los datos oficiales confirman que más de 2.000 damnificados pernoctan en 55 albergues temporales al perder totalmente sus viviendas o constatar daños irreparables en sus paredes.
Los geólogos e investigadores detectaron casi un millar de réplicas a poca profundidad en el mismo perímetro epicentral, contabilizando eventos de magnitud 6.
En consecuencia, los cuerpos de bomberos mantienen patrullajes preventivos para impedir que la población retorne a inmuebles con fallas estructurales evidentes.
De igual manera, las brigadas de auxilio reparten alimentos secos, cobijas y agua potable entre los campamentos improvisados en campos abiertos.
De modo que la muerte de la docente Miranda, los 2.000 refugiados, el millar de réplicas y las secuelas en Azuero retratan la gravedad de la contingencia en el suelo istmeño.
Con información de EFE
