México se convierte en proveedor clave de combustible a Cuba tras crisis venezolana. Mientras Estados Unidos avanza en el control del petróleo venezolano, México asume un rol estratégico como abastecedor de crudo a Cuba, en un contexto de crecientes tensiones diplomáticas en la región. La presidenta Claudia Sheinbaum aseguró que no se han incrementado los envíos más allá de los históricos, realizados mediante contratos o ayuda humanitaria, y negó datos precisos sobre barriles exportados.
El país norteamericano enfrenta ahora una situación compleja: la reducción de exportaciones venezolanas a la isla por las sanciones estadounidenses ha generado una dependencia creciente de México, que se convierte en un proveedor crucial de combustible para La Habana. Según reportes oficiales, de enero a septiembre de 2025 México envió 19.200 barriles diarios a Cuba, entre crudo y derivados, mientras que Venezuela suministró un promedio de 35.000 barriles diarios en los últimos tres meses, cubriendo alrededor de una cuarta parte de la demanda cubana.
México se convierte en proveedor clave de combustible a Cuba tras crisis venezolana
Expertos señalan que estos envíos podrían generar presión estadounidense sobre México, debido a la política de sanciones y al endurecimiento del discurso de la administración de Donald Trump hacia Cuba. Sin embargo, el gobierno mexicano insiste en mantener sus compromisos energéticos y humanitarios, aunque la participación de Pemex se canalice a través de su filial privada Gasolinas Bienestar, cuya gestión financiera no es totalmente transparente.
La situación en Cuba sigue siendo crítica. Apagones de hasta ocho horas y largas colas para abastecer combustible son constantes, y los cortes de energía afectan también el suministro de agua. La escasez se intensificará ante la reducción de envíos venezolanos, según residentes y analistas locales, que advierten sobre la vulnerabilidad energética de la isla y la dependencia histórica del crudo venezolano.
El papel de México como proveedor de petróleo a Cuba resalta cómo la crisis venezolana ha alterado los equilibrios energéticos en la región, generando tensiones políticas y desafíos logísticos que podrían afectar las relaciones con Washington.
