La infancia y juventud de José Gregorio Hernández: los cimientos de una vida dedicada al servicio. La vida del ilustre Doctor José Gregorio Hernández Cisneros, considerado por la Iglesia Católica como uno de los venezolanos más venerados, estuvo marcada desde su infancia por un profundo compromiso con el conocimiento y la vocación de servicio. Su ejemplo continúa inspirando a generaciones, y en el marco de los preparativos para su canonización, el equipo de Noticia al Día presenta un especial que rescata los detalles de su trayectoria. Esta primera entrega se centra en su niñez y adolescencia, etapas que moldearon su carácter y su vocación profesional.
José Gregorio nació el 25 de octubre de 1864 en Isnotú, municipio Rafael Rangel, en el estado Trujillo. Su llegada coincidió con un período de profunda reorganización política en Venezuela. La Constitución Federal de 1864 acababa de establecer el nombre de la nación como Estados Unidos de Venezuela, poco después de la firma del Tratado de Coche, que puso fin a la Guerra Federal. Desde sus primeros años, José Gregorio mostró curiosidad y disciplina, valores inculcados por sus padres, Benigno Hernández Manzaneda y Josefa Antonia Cisneros Mansilla.
La infancia y juventud de José Gregorio Hernández: los cimientos de una vida dedicada al servicio
A los 9 años comenzó sus estudios formales bajo la tutela de Pedro Celestino Sánchez, maestro zuliano y guardiamarino retirado. En paralelo, desarrolló un interés profundo por la música clásica y el piano, soñando con convertirse en un pianista de renombre. Sin embargo, la vida le presentaría oportunidades distintas que él supo aprovechar con igual pasión y dedicación.
El 6 de febrero de 1878, a los 13 años, emprendió un viaje que marcaría un antes y un después en su vida. Acompañado por el senador Jesús Romero y el diputado Francisco Vásquez, se trasladó a Caracas para ingresar como interno en el prestigioso Colegio Villegas. Allí, bajo la dirección del Doctor Guillermo Tell Villegas y su esposa, Doña Pepita Tell de Villegas, cursó estudios preparatorios y filosóficos, esenciales para obtener el grado de Bachiller en Filosofía.
Durante su estancia en el Colegio Villegas, José Gregorio se distinguió por su disciplina, curiosidad intelectual y espíritu de servicio. Incluso ejerció como catedrático de aritmética, asumiendo responsabilidades docentes siendo aún alumno. Su vocación pedagógica perduró al ingresar a la universidad, donde continuó enseñando y residiendo en el colegio, demostrando constancia y compromiso con su formación y la de otros.
El Dr. Juan de Dios Villegas, amigo y compañero de estudios, lo recordaría años después en su “Elogio del Dr. José Gregorio Hernández” (1919), destacando su superioridad académica y humana:
«Mi admiración más respetuosa… ante el recuerdo querido del respetado compañero, en quien yo me acostumbre a ver siempre como a un ser muy superior… en las aulas universitarias, en las clínicas, hospitales y laboratorios europeos; o en las diarias luchas de nuestra amada profesión, que tanto supo él enaltecerla.»
Estos años formativos sentaron las bases de una vida dedicada al estudio, la enseñanza y el servicio a los demás, principios que acompañarían a José Gregorio Hernández hasta el final de sus días y que ahora inspiran su canonización.
