Filipinas enfrenta aumento de embarazos en niñas y adolescentes. En el asentamiento informal de Baseco, en Manila, viven más de 64.000 personas en viviendas vulnerables a inundaciones y construidas con materiales improvisados. Entre sus residentes se encuentra Clara, de 14 años, embarazada de seis meses, quien expresa su deseo de que su hijo tenga oportunidades distintas a las que ella ha tenido.
Clara es solo una de las muchas adolescentes filipinas que quedan embarazadas en edades tempranas, un fenómeno que ha aumentado en los últimos años. Según cifras oficiales, los embarazos en niñas menores de 14 años crecieron un 38 % entre 2019 y 2023, pasando de 2.411 a 3.343 casos. A pesar de los esfuerzos gubernamentales, el país mantiene uno de los índices más altos de embarazo adolescente en Asia.
Filipinas enfrenta aumento de embarazos en niñas y adolescentes
El problema ha generado un intenso debate en Filipinas sobre la Educación Sexual Integral (CSE). La senadora Risa Hontiveros, autora de un proyecto de ley para prevenir los embarazos adolescentes, sostiene que la educación sexual es necesaria para empoderar a los jóvenes y brindarles conocimientos sobre salud reproductiva y consentimiento. Actualmente, los menores de 18 años necesitan el consentimiento de sus padres para acceder a anticonceptivos, con algunas excepciones.
Sin embargo, la propuesta enfrenta fuerte oposición de grupos religiosos y conservadores, agrupados en el Proyecto Dalisay, quienes consideran que la CSE “normaliza conversaciones sobre sexo” inapropiadas para los niños y atenta contra la autoridad parental. Este grupo ha recibido asesoría de organizaciones estadounidenses antiaborto y sostiene que la ley amenaza los valores morales y sociales del país.
Expertos en salud alertan que el embarazo en adolescentes conlleva riesgos graves tanto para la madre como para el bebé. La Dra. Junice Melgar, de la ONG Likhaan, afirma que las adolescentes no están preparadas física ni mentalmente para gestar y a menudo carecen de acceso a atención médica. Los bebés nacidos de madres jóvenes enfrentan mayores probabilidades de bajo peso, parto prematuro y complicaciones neonatales.
ONG locales trabajan en comunidades vulnerables llevando educación sobre género, sexualidad y acceso a anticonceptivos. Sin embargo, muchas adolescentes como Clara y Jude, de 15 años, siguen enfrentando un futuro incierto, donde deben asumir la maternidad antes de tiempo, dejando atrás su infancia y estudios.
Para Clara, la prioridad es que su hijo tenga mejores oportunidades que ella. “Me siento triste. Quiero ir a la escuela”, declara, mientras espera dar a luz con el mínimo apoyo recibido hasta ahora, el de su madre.
