La frustración de los pensionistas y trabajadores: un «ingreso» que no llega a salario. Expertos y sindicatos advierten de que el modelo de bonos impuesto por el Gobierno condena a la precariedad y no soluciona el coste de la vida.
El reciente anuncio de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, de fijar el «ingreso mínimo integral» en 240 dólares (apenas 70 para los pensionistas) ha caído como un jarro de agua fría en las familias venezolanas. Lo que el Gobierno presenta como un avance, los sindicatos lo definen como una profundización de la precariedad: un sistema de bonos que deja el salario base en unos testimoniales 30 centavos de dólar.
La Confederación General de Trabajadores (CGT) ha denunciado que esta fórmula es una trampa legal, ya que las bonificaciones no computan para las prestaciones, las vacaciones o las jubilaciones, dejando al trabajador desprotegido frente al futuro.
La frustración de los pensionistas y trabajadores: un «ingreso» que no llega a salario
Para el economista Luis Oliveros, decano de la Unimet, la situación es una encrucijada amarga. «La gente merece ganar lo que cuesta la canasta básica, unos 1.000 dólares», afirmó en una entrevista con Shirley Varnagy, reconociendo la legitimidad del descontento social. Sin embargo, advirtió que la actual asfixia fiscal del Estado impide un aumento de esa magnitud sin provocar una nueva espiral de inflación descontrolada.
Oliveros señala que el país está atrapado en una Ley del Trabajo diseñada para una potencia petrolera que hoy no existe. Según el experto, si el Gobierno intenta cubrir aumentos salariales sin tener ingresos reales, tendrá que recurrir a la emisión de dinero del Banco Central, lo que terminaría devaluando aún más el bolsillo de los ciudadanos.
Un modelo agotado
El debate actual no es solo cuánto se paga, sino cómo. Mientras el sector privado y los sindicatos intentan negociar márgenes de maniobra, el modelo de «bonos sin salario» se consolida como la norma de una economía que no logra ofrecer estabilidad. La solución, según los analistas, pasa por una reforma profunda que permita aumentos escalonados reales, pero que sobre todo devuelva al trabajo su valor legal y social, hoy reducido a una serie de ayudas discrecionales que no alcanzan para cubrir la cesta de la compra.
Con información de agencias.
