Fuerzas militares colombianas abaten a diez guerrilleros del ELN en zona rural del Cauca tras desplegar la Operación Ónix bajo la renovada doctrina de «mano dura» de Abelardo De La Espriella. Las tropas del Ejército de Colombia neutralizaron este domingo 25 de octubre de 2026 a diez integrantes del Ejército de Liberación Nacional (ELN) durante un enfrentamiento armado en el departamento del Cauca.
El mandatario colombiano, Abelardo de la Espriella, confirmó el resultado de la incursión armada a través de sus plataformas oficiales, catalogando la maniobra como una demostración de contundencia institucional frente a las estructuras criminales.
Dicho procedimiento marca una ruptura radical con los esquemas de acercamiento diplomático del pasado reciente y afianza una doctrina de combate frontal en las áreas rurales.
Los pormenores de la Operación Ónix y el balance en territorio caucano
El contingente militar bautizó la acción estratégica como Operación Ónix, ejecutando un cerco táctico sobre un campamento guerrillero emplazado en una comarca campestre de la región caucana.
El jefe de Estado celebró la efectividad del operativo castrense y valoró su alcance táctico: «el golpe más duro contra el ELN en los últimos ocho años».
Dicha incursión armada derivó en la caída en combate de dos importantes cabecillas pertenecientes a la estructura de mando de la organización rebelde.
Las tropas del Estado incautaron además un importante lote de pertrechos que los combatientes resguardaban en la posición, incluyendo «siete fusiles, una pistola y dos granadas».
El mandatario aprovechó el anuncio para enviar una advertencia contundente a las bandas alzadas: «Que lo entiendan los narcoterroristas: no vamos a retroceder ni un centímetro en la defensa de Colombia. Seguiremos persiguiendo a sus cabecillas, desmantelando sus estructuras y recuperando cada territorio donde pretendan imponer el terror».
En tal sentido, las autoridades castrenses sostienen que la neutralización de estos mandos medios desarticula los corredores de movilidad y las rutas de extorsión en el suroccidente nacional.
A este respecto, diversos analistas en materia de conflicto sostienen que la concentración de tropas en el Cauca responde a la necesidad de recuperar el control institucional sobre territorios estratégicos.
Aunado a esto, las comunidades campesinas de la zona expresan inquietud ante posibles retaliaciones armadas de las células insurgentes que aún operan en la cordillera.
Asimismo, los peritos forenses avanzan en la plena identificación de los cuerpos para determinar el rol de los jefes abatidos en las recientes acciones hostiles.
El giro frente a Gustavo Petro y la persecución a las bandas armadas
El abandono formal de la política de paz total
Por otra parte, la actual conducción gubernamental ejecuta un viraje sustantivo en la gestión del orden público desde su juramentación en el cargo.
Abelardo de la Espriella, quien asumió la jefatura de Estado a principios de agosto, aplica una estrategia considerablemente más severa contra los actores violentos en comparación con la línea de su antecesor, el izquierdista Gustavo Petro.
El gobierno anterior intentó pactar ceses al fuego y acuerdos duraderos con múltiples organizaciones mediante su programa de paz total, pero aquellas tratativas no consiguieron avances concluyentes sobre el terreno.
Dicha parálisis motivó al actual dignatario a declarar a todos los grupos armados como organizaciones terroristas, clausurando las vías diplomáticas para priorizar las intervenciones bélicas y el enjuiciamiento penal ordinario.
En consecuencia, el poder judicial acelera la emisión de órdenes de captura internacional contra los jefes insurgentes mientras las brigadas móviles copan los campamentos clandestinos.
De igual manera, los sectores afines a la línea dura aplauden que el Ejecutivo suprima las zonas de distensión y devuelva la iniciativa bélica a los uniformados.
La amenaza persistente de disidencias y el Clan del Golfo
Por añadidura, la doctrina de combate oficial extiende sus objetivos sobre las restantes corporaciones criminales que azotan el mapa colombiano.
El Estado enfrenta desafíos mayúsculos que trascienden al ELN, combatiendo simultáneamente a las disidencias de la extinta guerrilla de las FARC en diversos departamentos selváticos.
Las fuerzas policiales y militares persiguen además al Clan del Golfo, una poderosa federación criminal que mantiene un entramado masivo de narcotráfico y control armado de puertos.
Por otro lado, los expertos en defensa proyectan que la catalogación terrorista facilitará la cooperación logística y el intercambio de inteligencia con agencias internacionales aliadas.
De modo que la Operación Ónix en el Cauca, las diez bajas del ELN, el decomiso de fusiles, el discurso frontal de Abelardo de la Espriella y el fin de los diálogos heredados de Petro marcan una etapa decisiva en la seguridad de Colombia.
Con información de DW
