Valencia, 17 de julio de 2026-. Despidieron a operador de telepromter por apostar ilegalmente con palabras en discurso de Donald Trump. El uso de información privilegiada le costó el puesto a Gabriel Pérez, operador de teleprompter del presidente estadounidense. El medio informativo ABC News reseña la nota original sobre este escándalo que sacude la ética en la Casa Blanca.
Pérez fue despedido tras confirmarse que apostó ilegalmente sobre frases de los discursos presidenciales.
Despidieron a operador de telepromter por apostar ilegalmente con palabras en discurso de Donald Trump
El asistente técnico, quien trabajaba para la administración desde 2016, acumuló ganancias por casi 100.000 dólares en la plataforma Kalshi. El empleado habría manipulado su acceso a los textos para predecir las palabras exactas durante los eventos públicos.
Se estima que Pérez utilizó información privilegiada en más de doce discursos distintos para obtener beneficios personales. La Comisión de Negociación de Futuros de Productos Básicos confirmó el hecho tras recibir pruebas contundentes de la plataforma.
La portavoz Karoline Leavitt calificó el suceso como una «vergüenza» para la administración actual. Por su parte, la Casa Blanca confirmó la suspensión inmediata de su sueldo y el inicio de investigaciones formales adicionales.
Escrutinio ético y conexiones internacionales preocupantes
Este caso subraya los riesgos de conflictos de interés asociados al crecimiento de los mercados de predicción digital. El uso de información privilegiada preocupa a los reguladores, especialmente ante antecedentes de apuestas masivas en otras plataformas.
La historia vincula además al personal con una apuesta superior a 400.000 euros en Polymarket sobre incursiones militares en Venezuela. Esta conducta ignora el memorando interno emitido en marzo, que prohíbe explícitamente estas prácticas al personal presidencial.
El secretario de prensa, Davis Ingle, recordó que las directrices éticas son estrictas y prohíben categóricamente tales apuestas financieras. La Casa Blanca busca ahora contener el daño reputacional mientras endurece la vigilancia sobre sus trabajadores cercanos al mandatario.
El uso de información privilegiada en el entorno de la presidencia marca un precedente crítico sobre la responsabilidad de los funcionarios. Las autoridades mantienen el caso bajo revisión para asegurar que no existan más miembros involucrados en actividades similares.
