A las 07:00 de este domingo [hora local] abrieron los recintos electorales en Ecuador, en los convocados comicios presidenciales y legislativos.
En menos de año y medio, los ecuatorianos deberán elegir al nuevo presidente, vicepresidente, a los miembros de la Asamblea Nacional, así como a representantes del país al Parlamento Andino.
De acuerdo con el Consejo Nacional Electoral (CNE), están habilitados para votar más de 13,7 millones de personas, de las cuales 13.279.830 están inscritas en el territorio nacional y 456.485 restantes en el exterior.
En Ecuador, el voto es obligatorio para las personas entre 18 y 64 años; y es facultativo para los adolescentes de entre 16 y 17 años, así como las personas de 65.
Choque de dos modelos
A los comicios presidenciales se presentan 16 candidatos, pero de acuerdo con las últimas encuestas, que dentro del país suramericano se publicaron hasta el pasado 30 de enero, dos de ellos se perfilaban como favoritos: el actual mandatario, Daniel Noboa, y Luisa González, del Movimiento Revolución Ciudadana (RC).
Noboa, quien gobierna Ecuador desde noviembre de 2023, tras ser electo en los comicios extraordinarios que se convocaron después de que Guillermo Lasso decretara muerte cruzada y disolviera a la Asamblea Nacional, se presenta en esta oportunidad junto a María José Pinto como su candidata a vicepresidenta, y van auspiciados por su movimiento Acción Democrática Nacional (ADN).
Durante las últimas semanas, el mandatario generó polémica al no pedir licencia para hacer campaña; sino que notificó que se ausentaba temporalmente del cargo –mediante decretos– para participar en sus actos proselitistas. Esto llevó a que fuera denunciado por varias agrupaciones políticas ante el Tribunal Contencioso Electoral (TCE) por presuntas infracciones electorales. Entre otras cuestiones, lo señalan de inducir al voto, siendo servidor público en ejercicio de sus funciones, algo que iría contra la ley.
Por su parte, González, como en 2023, vuelve a ser la abanderada de la RC, el movimiento que lidera el expresidente Rafael Correa (2007-2017). En esta oportunidad, el partido irá en alianza con la organización Renovación Total (Reto).
Va acompañada, como candidato a vicepresidente, por Diego Borja, quien se desempeñó como ministro coordinador de la Política Económica entre 2008 y 2010, durante el mandato de Correa.
Primera vuelta y balotaje
En Ecuador, de acuerdo con el artículo 161 de la Ley Orgánica Electoral y de Organizaciones Políticas o Código de la Democracia, para ganar en primera vuelta, el binomio presidencial debe obtener la mayoría absoluta de los votos válidos emitidos; es decir, la mitad más un voto, excluyendo los sufragios nulos y blancos.
La otra opción es conseguir al menos el 40 % de los votos válidos y una diferencia mayor a 10 puntos porcentuales sobre el segundo lugar. Si ninguna de las dos condiciones se cumple, se realizará una segunda vuelta, que, en caso de ser necesaria, está prevista para el 13 de abril, de acuerdo con el calendario del CNE.
En el caso de la Asamblea Nacional, se elegían en Ecuador a 137 asambleístas, pero en esta oportunidad los votantes deberán escoger a 151, es decir, 14 curules más. Los ecuatorianos buscarán 15 asambleístas nacionales, 6 por el exterior y 130 provinciales; estos últimos eran 116 en los comicios anteriores.
Daniel Noboa, el deseo de una dinastía de mantenerse en el poder

El 9 de octubre, en pleno fervor de las fiestas de Guayaquil, Daniel Noboa le impuso a su padre, Álvaro Noboa, la Orden Nacional al Mérito en el grado de Gran Cruz. El galardón fue entregado en reconocimiento a su “destacada trayectoria empresarial, filantrópica y su contribución al desarrollo del país”. Lo de menos fue que Álvaro, que lucha contra una demencia senil, llegara vacilante a la ceremonia. Su figura era inconfundible y la carga simbólica de ese momento era clara: la dinastía Noboa continúa su insaciable búsqueda del poder.
El sueño de Daniel Noboa, de 37 años, en la presidencia no es solo suyo. Es lo que su padre, un magnate que hizo fortuna con la exportación de bananos, persiguió por más de dos décadas. Perdió hasta en cinco ocasiones. Nadie lo había intentado más en la historia de Ecuador. Mientras mantuvo el empeño, su hijo se formaba en las universidades más prestigiosas de Estados Unidos. Daniel estudió Administración de Negocios en la NYU Stern School of Business, Administración Pública en la Harvard Kennedy School y Gobernanza y Comunicación Política en la Universidad George Washington.
Entonces no quería ser presidente, prefería ser músico. Su madre era médica. Desde los ocho años recibió clases de instrumentos en conservatorios. Por eso, entre las primeras empresas que constituyó no tuvo nada que ver con el imperio agrícola de los Noboa, sino con la organización de eventos artísticos. Después se pasó a trabajar a la Corporación Noboa, el imperio bananero de su padre, donde se desempeñó como el director naviero más joven. Con su primera esposa, Gabriela Goldbaum, de la que se divorció, mantiene un pleito por la custodia de su primera hija. Tiene otros dos hijos y está casado con Lavinia Valbonesi, nutricionista e influencer.
Dicen de él que en privado es despótico. Pero ha sabido forjarse la imagen de alguien nuevo que va en contra de la vieja politiquería ecuatoriana. Se ha tatuado un ave fénix, el símbolo de su política de seguridad como presidente, un mandato que quiere renovar este domingo. Es la primera vuelta y seguramente haya una segunda, pero su equipo de campaña ha hecho todo lo posible para superar el 50% de los votos y zanjar la contienda en estos comicios.
Su aventura hacia el poder absoluto en Ecuador empezó en 2023. Se presentó entonces con casi ninguna esperanza de victoria. Nadie lo conocía. En un debate entre varios candidatos apareció con chaleco antibalas. Acababa de ser asesinado por la mafia otro contendiente, Fernando Villavicencio. Noboa hizo clic con el electorado. Tampoco es que necesitase mucha más publicidad: el país estaba dividido entre correístas (seguidores del expresidente Rafael Correa) y anti. Los anti, que no eran pocos, se pusieron de su lado.
Aunque no todo fue claro desde el principio. Apareció con el respaldo de una coalición de partidos prestados, presentándose como un candidato de centro-izquierda, un movimiento de marketing político, sin que eso significase que esa era su posición real. Su estrategia fue clara: desmarcarse de la imagen impopular del Gobierno de Lasso, sin rechazar del todo el legado de la derecha. En lugar de confrontar, Noboa se mostró mesurado, casi distante, lo que le permitió navegar entre las aguas turbulentas de la política ecuatoriana.
Lo más sorprendente de su ascenso no fue solo su llegada al poder, sino cómo consiguió lo improbable: gobernar con una Asamblea Nacional dominada por la oposición. Sin mayoría propia, Noboa logró sacar adelante, mediante pactos con diferentes fuerzas políticas, al menos cinco proyectos clave. Sin embargo, la estabilidad de ese acuerdo político se resquebrajó tras el asalto a la embajada de México para capturar a Jorge Glas, exvicepresidente del correísmo, lo que tensó aún más el ambiente político. Desde entonces, la gobernabilidad ha sido un desafío constante para el mandatario.
Noboa, sin embargo, no se rindió. Intentó llevar adelante sus proyectos de ley, aunque uno de los más ambiciosos fue declarado inconstitucional por la Corte Constitucional. La falta de aprobación de la Asamblea no fue suficiente para frenar sus aspiraciones. La lucha por la estabilidad política y la viabilidad de sus reformas sigue siendo el eje de su gobierno, pero con la sombra de un sistema legislativo que ya no lo acompaña. El camino hacia la reelección de Daniel Noboa está marcado por las promesas de un poder familiar, empresarial y político, bajo la sombra del deterioro de los derechos humanos y la extralimitación presidencial. Y, por encima de todo, la perpetuación del apellido Noboa.
Con información de Últimas Noticias y El País de España
