Ataque con drones contra un campamento de desplazados en Amhara deja 16 muertos y 22 heridos entre el silencio oficial y el temor a una guerra total en Etiopía.al menos 16 civiles perdieron la vida y otras 22 personas sufrieron heridas de diversa consideración tras un devastador ataque con drones contra un asentamiento de desplazados en la región septentrional de Amhara, este viernes 30 de octubre de 2026.
Los sobrevivientes del refugio denunciaron la matanza ante los corresponsales del diario etíope Addis Standard a última hora del jueves, señalando que las bombas cayeron sobre el campamento Hyiq Jari 2, situado en la zona administrativa de Wollo del Sur, un territorio atrapado en los violentos combates entre las tropas gubernamentales y diversas facciones insurrectas.
Las cinco oleadas del bombardeo y el desamparo en Hyiq Jari 2
Los moradores del recinto relataron con horror la forma en que los aparatos aéreos descargaron su arsenal de manera sistemática y a quemarropa sobre las carpas comunitarias.
El periódico Addis Standard recogió el desgarrador testimonio de un testigo ocular que presenció la tragedia: «El dron atacó el campamento al menos cinco veces, con intervalos de quince minutos, mientras los desplazados internos se encontraban dentro de sus refugios. Nunca esperamos que un dron atacara el campamento».
En tal sentido, las explosiones sucesivas provocaron el incendio de una veintena de cabañas artesanales, reduciendo a cenizas las escasas pertenencias de las familias que huían de choques previos.
A este respecto, agencias de prensa como EFE aclararon oportunamente que todavía no han podido contrastar los detalles operacionales del suceso de forma independiente debido a los bloqueos de comunicación en el área.
Aunado a esto, el asentamiento alberga a más de 1.800 desplazados internos que sobreviven en medio de una aguda escasez de agua potable, alimentos básicos y medicamentos esenciales.
Asimismo, los afectados lamentaron que las organizaciones humanitarias internacionales suspendieron gran parte de sus despachos asistenciales, mientras las autoridades administrativas regionales ignoran los ruegos de auxilio.
La desesperación civil y la alianza de siete grupos rebeldes
La falta de alternativas de supervivencia para los refugiados
Por otra parte, la orfandad institucional empuja a los damnificados a evaluar medidas extremas para conservar la vida frente a nuevos bombardeos aéreos.
Uno de los sobrevivientes exteriorizó su profunda desolación con una amarga reflexión: «No tenemos ni techo ni comida. Quizás lo mejor sea ir a la ciudad y dormir en la calle, con la esperanza de que alguien se apiade de nosotros y nos ayude. No tenemos otra opción en este momento».
Sorprendentemente, tanto el mando del Ejército federal de Etiopía como los portavoces de las milicias insurgentes guardan un hermético silencio sobre la autoría material de la incursión.
En consecuencia, los líderes comunitarios exigen una investigación pericial urgente que determine el origen de las coordenadas cargadas en los sistemas de puntería de los drones artillados.
De igual manera, los hospitales periféricos colapsaron rápidamente al recibir a los 22 heridos graves, muchos de los cuales presentan quemaduras profundas y mutilaciones por esquirlas metálicas.
La ofensiva en Tigré y las acusaciones cruzadas con Eritrea
Por añadidura, este sangriento hecho ocurre en un contexto de confrontación generalizada en el norte del país, detonado el pasado 23 de septiembre cuando el rebelde Frente Popular de Liberación de Tigré (FPLT) proclamó una «guerra defensiva» tras meses de tensión armada.
A partir de esa fecha, las divisiones del Ejército etíope lograron avances territoriales en Tigré, pero enfrentan focos de resistencia armada debido a la unión estratégica de siete organizaciones opositoras.
Dicha coalición insurgente agrupa al FPLT, al movimiento nacionalista amhara Fano y al Ejército de Liberación Oromo (OLA), bloques que persiguen coordinadamente la caída del gobierno central de Adís Abeba.
Por otro lado, la administración etíope acusa formalmente a las autoridades de Eritrea de traspasar la frontera común y pertrechar militarmente a los rebeldes, extremo que el gobierno de Asmara niega tajantemente ante la diplomacia regional.
Analistas de defensa advierten que estas hostilidades podrían reeditar el devastador conflicto que desangró a la nación entre 2020 y 2022, el cual segó la vida de al menos 600.000 personas según registros de la Unión Africana (UA).
De modo que los 16 fallecidos en Hyiq Jari 2, los 22 heridos, las 20 viviendas incineradas y el choque de fuerzas entre el gobierno y siete facciones armadas profundizan la catástrofe humanitaria en Amhara este viernes 30 de octubre de 2026.
Con información de EFE
