La crisis energética en la isla caribeña muestra señales de profundización ante la falta de operatividad de sus activos logísticos más importantes. Según reportes de seguimiento marítimo, la flota cubana de tanqueros inmovil ha cumplido 90 días sin registrar actividad significativa en las rutas de suministro habituales. Esta parálisis forzada de las embarcaciones nacionales se debe, en gran medida, a la escasez de combustible propio para la navegación y a la falta de mantenimiento técnico, lo que ha obligado al gobierno a depender exclusivamente de cargamentos externos para intentar sostener el sistema eléctrico y el transporte.
La atención de las autoridades portuarias se centra ahora en el horizonte, ante la confirmación de que un nuevo buque petrolero procedente de Rusia se encuentra en camino. El hecho de que la flota cubana de tanqueros inmovil persista en este estado subraya la vulnerabilidad de la logística interna, que no cuenta con el respaldo necesario para procesar y distribuir el crudo de manera eficiente una vez que llega a los terminales de descarga. Analistas internacionales indican que esta inactividad de los barcos de bandera local no solo encarece los fletes, sino que también ralentiza la cadena de suministro en un momento crítico de alta demanda y bajos inventarios.
A pesar de las proyecciones oficiales que esperan un alivio con la llegada del suministro ruso, la recuperación del parque naviero sigue siendo una incógnita. Mientras la flota cubana de tanqueros inmovil permanece anclada en las bahías, el impacto se siente en los constantes cortes de energía que afectan tanto a la población como a los sectores productivos de la isla. Se estima que la descarga del próximo petrolero podría ofrecer un respiro temporal de apenas unas semanas, por lo que expertos insisten en que, sin una inversión real en la recuperación de la flota nacional, la dependencia de la ayuda externa seguirá marcando el ritmo de la precaria estabilidad energética del país.
Con información de Alberto News
