Últimas Noticias – Caracas, 29 de octubre de 2023. La frase “pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”, atribuida al ex presidente Porfirio Díaz, quien gobernó el país azteca entre 1876 y 1911, bien podría trasladarse a toda la región latinoamericana, que de una u otra forma, si bien puede recibir algunos beneficios por tales cercanías, también padece los rigores de ser considerada el “patio trasero” de la nación que durante más de dos siglos ha tratado de imponer la doctrina monrroísta de “América para los americanos”, vale decir, los estadounidenses.
Uno de los casos en el cual bien puede aplicarse la frase extendida hacia el resto de nuestros territorios es en el tema migratorio, con todas sus implicaciones políticas, económicas y sociales y con tantas y tan complejas aristas, como lo apunta Jhonny Castro, un politólogo venezolano con doctorado en estudios sobre esta materia:
“Los flujos migratorios han estado presentes en toda la historia de la humanidad en sus distintos tipos: el que se produce hacia Estados Unidos, sur-norte y los intrarregionales, entre los distintos países de América Latina. En ese flujo se han dado fenómenos como los de las caravanas en los últimos años y más recientemente los que se dan por la selva del Darién, limítrofe entre Colombia y Panamá”, explica el especialista.
“Estados Unidos, para bien o para mal, parece una ilusión de la posibilidad de construcción de nuevas oportunidades, del mal llamado ‘sueño americano’. Pudiera entenderse un poco más, por algunas circunstancias de la economía mexicana y su desarrollo histórico, que los mexicanos y sobre todo los habitantes de los estados fronterizos, quisieran buscar alternativas en el país vecino, pero termina siendo un fenómeno que culturalmente abraza a muchos países de la región, desde muy abajo de Suramérica, haciendo grandes travesías para llegar hasta allá”, detalla el también magister en Gestión Pública.
Castro expresa que por esa razón “muchas naciones han tomado medidas restrictivas en cuanto a la movilidad humana, introduciendo como normas la solicitud de visados, antecedentes penales, entre otras, con lo cual se fomenta la migración irregular y lo que en la frontera entre México y Estados Unidos se conoce como el coyoterismo, que se ha extendido hacia otros países”.
El aspecto clasista, inevitablemente, también incide, pues la población que se marcha en busca usualmente de quimeras es “de las más vulnerables, de estratos sociales muy golpeados que obviamente no tienen el dinero para hacer el viaje en avión o no llenan los requisitos sobre todo en ese país. Ahí hay una diferencia entre la administración de los demócratas y los republicanos: estos últimos, liderados por Donald Trump, quien quiso realzar el nacionalismo, revivir aquello de ‘América para los americanos’, hacer un cerco migratorio, levantar el muro. Cuando gana Joe Biden, revierte algunas de esas medidas, estableciendo algunos TPS (estatus de protección temporal) para los latinoamericanos”, prosigue el politólogo.
Sin embargo, Jhonny Castro acota que “algunos gobernadores republicanos como los de Texas y Florida están enviando los migrantes hacia dentro del país, generando inconvenientes en una clara confrontación política. El alcalde de Nueva York (Eric Adams), por ejemplo, ha dicho que la migración en esa ciudad ya no puede sostenerse, pues están obligados legalmente a darle asistencia a todos los que llegan y eso tiene un costo muy elevado”.
Los migrantes también pueden ser un buen negocio
Con varios estudios publicados sobre el tema, incluyendo uno sobre la Migración y el Retorno de Población Venezolana, muy de actualidad tanto por el Plan Vuelta a la Patria como por el recién iniciado proceso de deportación de venezolanos desde Estados Unidos, Jhonny Castro pone el acento en otro elemento importante: el gran negocio que el fenómeno, en términos generales, ha terminado por representar:
“Con respecto al caso específico hacia Estados Unidos, se están generando redes de tráfico de personas para ingresarlas por vías no regulares, pero también es importante la que se da hacia otros países de América Latina”, expone, resaltando además la necesidad de “hablar de los recursos de la comunidad internacional que se captan a nombre de ayudas migratorias y que no terminan destinándose a los migrantes. Así ha pasado con varias naciones de Suramérica, donde hay una competencia, por ejemplo, sobre cuáles tienen más venezolanos y en función de eso cuánta ayuda deben recibir, porque supuestamente eso tiene un peso en el PIB, lo cual está demostrado que no es cierto, pero con esa excusa captan proyectos de cooperación internacional”, remarca.
Y precisamente en el caso venezolano, subraya que antes, durante y después de la pandemia, también se está dando un proceso “de retornos hacia Venezuela que no ha sido suficientemente visibilizado”, precisamente porque los intereses políticos tratan de mantener la matriz de opinión contraria.

La aporofobia en el diseño de las políticas migratorias
Jhonny Castro recalca que existe “una aporofobia en el diseño de políticas migratorias en la región”, materia en la cual sin dudas el principal exponente es Estados Unidos.
Es un hecho público y notorio que, dependiendo incluso de los intereses políticos de los gobernantes de turno, no importa el origen del grosor de las cuentas bancarias de quienes migran.
“Muchas veces vemos países que adoptan medidas de barreras -en términos legales- para cierto tipo de perfiles de migrantes, pero para otros no. Por ejemplo, si tienes los recursos necesarios o estudios de cuarto nivel o lo que llaman visa de inversionista, entonces, haciendo una metáfora, te reciben con la alfombra roja en los aeropuertos”, explica el analista.
Todo lo contrario para los desposeídos, quienes “no tienen esas posibilidades y son los que quizás se ven forzados a migrar pero no cuentan con los medios ni las opciones legales”.
El politólogo también destacó la perspectiva con la cual se realizó la Cumbre Migratoria del pasado domingo 22 en México, “porque lo que se hablaba antes siempre venía determinado por la Acnur y la OIM. Esa cumbre visibilizó otra forma de analizarla, además de efectuarse en el país tapón o puente que se ve afectado directamente por ese flujo hacia Estados Unidos”.
