Valencia, 10 de septiembre de 2026-. Colombianos cumplen un mes de haber sufrido el violento terremoto de magnitud 7,4 que dejó más de 300 fallecidos y tratan de salir adelante con miedo.
El movimiento destruyó viviendas y agravó las condiciones de familias que ya enfrentaban situaciones de precariedad.
Filadelfia Palacios Valencia, habitante de Quibdó, tuvo que refugiarse con tres hijos y dos nietos.
La familia permanece en casa de una vecina después de que el terremoto afectara el techo de su vivienda.
«Antes del terremoto, el techo de mi casa ya se filtraba», relató Palacios Valencia.
La mujer explicó que las lluvias ya la obligaban a dormir en el piso junto a sus hijos.
El sismo terminó de deteriorar el techo y ahora no puede permanecer dentro de su vivienda.
A un mes del terremoto, las necesidades de emergencia comenzaron a transformarse en desafíos de reconstrucción.
Colombianos cumplen un mes de haber sufrido el violento terremoto de magnitud 7,4 que dejó más de 300 fallecidos y tratan de salir adelante con miedo
Margarita Ramírez Leiton, coordinadora regional de Ayuda en Acción para el Valle del Cauca, explicó el cambio de prioridades.
«Los primeros días nos preguntábamos dónde va a dormir la familia esta noche», señaló.
Ahora, agregó, la atención está centrada en el restablecimiento de los medios de vida.
Sin embargo, numerosos afectados todavía esperan respuestas para conocer el estado de sus viviendas.
Ricardo Orobio, quien tiene discapacidad visual, vive en el barrio El Caney de Cali.
El hombre aún no ha recibido la visita de inspectores para evaluar los daños de su vivienda.
Tres grietas atraviesan la pared principal de su habitación.
«Cada día hemos notado que se va abriendo un poco más», relató Orobio.
El hombre también manifestó temor ante las réplicas que continúan registrándose en las zonas afectadas.
«Sí me preocupa que mañana o pasado haya otra emergencia», reconoció.
Orobio también reportó mareos, vértigo, dolor de oídos y dificultades para dormir.
El miedo permanece entre los sobrevivientes
Luis Miguel Pérez, psicólogo de Ayuda en Acción, explicó que el miedo persiste después de situaciones de crisis.
Según el especialista, también aparecen sentimientos de culpa y duelo entre los afectados.
Sin embargo, uno de los temores más frecuentes es que vuelva a ocurrir otro movimiento sísmico.
La situación se vuelve más compleja para personas que ya enfrentaban otras condiciones de vulnerabilidad.
Pérez explicó que algunos sobrevivientes habían experimentado desplazamientos forzados y otros traumas.
También mencionó a integrantes de la comunidad LGBTIQ+ entre las personas afectadas.
El psicólogo señaló que el Valle del Cauca presenta condiciones de vulnerabilidad y desigualdad preexistentes.
Además, indicó que el conflicto armado y la presencia de grupos armados generan situaciones adicionales de riesgo.
Según Pérez, incluso atendió a una persona amenazada que sufrió el terremoto durante su proceso de desplazamiento.
La pérdida de las redes de apoyo también afecta a los sobrevivientes.
«Familia y amigos están afrontando un proceso de recuperación individual», explicó el psicólogo.
Esta situación puede generar una sensación de pérdida de apoyo entre las personas afectadas.
Zonas rurales enfrentan mayores dificultades
Margarita Ramírez Leiton señaló diferencias entre las zonas urbanas y rurales del Valle del Cauca.
En municipios como Darién y Yotoco, numerosas viviendas presentan daños y requieren apoyo.
Algunas familias colocaron avisos para informar sobre el estado de sus viviendas y solicitar asistencia.
En El Caney, Ricardo Orobio también espera que se concreten soluciones anunciadas después del terremoto.
El hombre afirmó que recibió una factura de electricidad con un cobro que considera excesivo.
Según explicó, previamente se había anunciado una resolución con alivios para los servicios públicos.
La situación de los servicios también varía entre las ciudades y las zonas rurales.
Ramírez Leiton señaló que Cali mantiene sus servicios básicos, pese a la magnitud de los daños.
En las áreas rurales, en cambio, existen afectaciones en los sistemas de acueducto.
Esta situación convierte el saneamiento básico en una de las prioridades para las comunidades.
En algunos sectores urbanos, los vecinos han recurrido a soluciones autogestionadas para garantizar el suministro de agua.
En las zonas rurales, estas alternativas no siempre están disponibles.
Las escuelas también resultaron afectadas en municipios como Darién y Yotoco.
Según Ramírez Leiton, algunos niños están recibiendo clases en carpas.
«La emergencia está pasando, pero la afectación sigue», advirtió.
La representante de Ayuda en Acción pidió mantener la solidaridad y el compromiso durante el proceso de recuperación.
San José del Palmar mantiene necesidades
San José del Palmar, en el departamento del Chocó, fue el epicentro del terremoto.
Más de 1.000 viviendas resultaron afectadas en esta población.
De ese total, alrededor de un centenar registraron pérdida total o fueron declaradas inhabitables.
Sin embargo, la comunidad continúa enfrentando problemas después del terremoto.
El municipio todavía presenta fallas eléctricas y una escasez casi absoluta de agua.
El alcalde León Fabio Marín Moncada indicó que la ayuda del Gobierno nacional continúa «en proceso».
A un mes del sismo, las comunidades afectadas enfrentan así una nueva etapa.
La emergencia inmediata dio paso a la reconstrucción y recuperación de las familias.
Pero para muchos sobrevivientes, los daños materiales también representan la pérdida de espacios ligados a su historia y memoria.
