Venezuela, en medio de una escalada regional marcada por el despliegue militar de EE.UU. Venezuela permanece en el centro de un escenario cada vez más tenso, mientras Estados Unidos despliega en el Caribe la mayor operación militar en la zona desde la invasión de Granada en 1989. La Casa Blanca sostiene que la misión busca combatir el narcotráfico, pero al mismo tiempo acusa al Gobierno venezolano de estar infiltrado por cárteles, una denuncia que Caracas rechaza por completo.
El despliegue —que incluye buques de guerra, aviones de combate y miles de soldados— ha encendido alarmas en la región. Washington mantiene un discurso ambiguo: por momentos sugiere que una operación militar podría ser inminente y en otros reduce el tono. No está claro si, en caso de actuar, Estados Unidos apuntaría contra objetivos del Gobierno venezolano o contra redes criminales, ni cuál sería la escala de esos eventuales ataques.
La situación ya ha provocado reacciones en países vecinos. El presidente colombiano, Gustavo Petro, cuestionó que el operativo estadounidense no esté “subordinado a los derechos humanos” y suspendió el intercambio de inteligencia con Washington. Desde Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva advirtió que rechaza cualquier intervención terrestre y afirmó que expresó directamente a Trump que los conflictos políticos deben resolverse con diálogo, no con armas.
Venezuela, en medio de una escalada regional marcada por el despliegue militar de EE.UU.
La tensión preocupa especialmente por la ubicación de Venezuela y la complejidad de sus fronteras. Con Colombia comparte 2.341 kilómetros marcados por décadas de migración, conflicto armado y presencia de grupos irregulares. Más de 2,8 millones de venezolanos se han asentado en Colombia en los últimos años, mientras guerrillas como el ELN y disidencias de las FARC operan a ambos lados de la línea limítrofe.
La frontera con Brasil, igualmente extensa, atraviesa zonas selváticas donde confluyen minería ilegal, deforestación y crimen organizado. En Roraima y en el sur venezolano operan redes de extracción ilegal de oro, además de organizaciones criminales como el PCC brasileño. Brasil ha enfrentado picos migratorios desde 2018 y mantiene una vigilancia reforzada ante cualquier escalada.
El punto más delicado está al este: la disputa con Guyana por el Esequibo. Tras el referendo venezolano de 2023 y la aprobación en 2024 de una ley para crear el estado de Guayana Esequiba, Georgetown acusó a Caracas de intentar una anexión. La controversia territorial, aún ante la Corte Internacional de Justicia, se superpone ahora con el despliegue militar estadounidense en la región. Guyana expresó recientemente su “grave preocupación” por el narcoterrorismo y la delincuencia transnacional, aludiendo directamente al llamado Cártel de los Soles.
Entre tensiones militares, redes armadas y presiones diplomáticas cruzadas, la región enfrenta un clima de incertidumbre poco visto en décadas. Un solo movimiento brusco en Washington o Caracas podría escalar una situación que ya inquieta a toda América Latina.
