Venezuela apuesta por la recuperación y diversificación de su economía marina. Venezuela, con su extensa fachada caribeña y abundantes recursos acuáticos, evalúa con esperanza la recuperación de su economía marina. Un sector que podría diversificar su economía más allá del petróleo tras años de contracción y retos múltiples.
Aunque las cifras oficiales son limitadas o desactualizadas, datos externos indican un crecimiento sostenido en los últimos años. Según el Departamento de Agricultura de Estados Unidos, las exportaciones venezolanas de productos marinos crecieron 58% entre 2019 y 2024. Alcanzando cerca de 500 millones de dólares. Entre los productos exportados destacan sardina, camarón blanco, tahalí o pez espada, pulpo, bagre rayado y medusas tipo Bola de Cañón. Estas últimas dirigidas a mercados emergentes como Corea del Sur y China.
En febrero pasado, se creó el Comité Nacional de Exportaciones del sector pesquero, que busca coordinar esfuerzos públicos y privados para facilitar trámites y abrir nuevos mercados. China ha sido el destino de mayor crecimiento, con un aumento del 95% en importaciones entre enero y mayo de 2025. Sumando 24,5 millones de dólares, y se proyecta que para 2030, el 60% de la producción de camarón nacional se destine a ese país.
Estados Unidos sigue siendo un mercado relevante con exportaciones que sumaron 12 millones de dólares en los primeros meses del año. Aunque con una leve caída del 8% respecto a 2024.
El presidente de la Sociedad Venezolana de Acuicultura (SVAcuicultura), Eduardo Castillo, destacó que Venezuela es actualmente el décimo productor mundial de camarón cultivado, con una producción nacional que supera las 300.000 toneladas anuales y exportaciones cercanas a 95.000 toneladas, incluyendo 60.000 toneladas de camarón.
Venezuela apuesta por la recuperación y diversificación de su economía marina
Sin embargo, el sector enfrenta obstáculos significativos: escasez de combustible, financiamiento insuficiente, flotas obsoletas y preocupaciones ambientales. La FAO y organizaciones como Provita alertan sobre prácticas no sostenibles como la sobrepesca, captura de especies juveniles y uso de artes no selectivas que amenazan la biodiversidad marina.
Asimismo, la acuicultura en el Lago de Maracaibo se ve afectada por contaminación de hidrocarburos, aguas residuales y riesgo para los manglares, según estudios recientes.
Con alrededor de 14.000 empleos generados y una inversión de 10.000 millones de dólares en dos décadas. El sector tiene potencial para crecer si logra superar estos retos. Voceros gubernamentales subrayan que la «economía azul» puede ser un motor clave para la diversificación económica del país. Aunque el camino exige compromiso, innovación y sostenibilidad.
