Una discreta firma de Wall Street asume el liderazgo del plan minero de Donald Trump en Venezuela al desembarcar aluminio en Luisiana y buscar el rescate de Venalum. Un actor emergente del distrito financiero de Wall Street asumió un papel estelar en la reactivación minera venezolana.
La firma de inversiones privadas Heeney Capital, cofundada por los exanalistas Henry Heeney y Sean Pi, coordinó la llegada del primer cargamento de 15.000 toneladas de aluminio venezolano a un puerto próximo a Nueva Orleans tras casi una década de parálisis en los despachos hacia territorio estadounidense.
El secretario del Interior de los Estados Unidos, Doug Burgum, recibió personalmente este embarque procedente de la reductora estatal Venalum, consolidando el respaldo oficial al esquema mercantil que Heeney estructuró junto a la comercializadora global Mercuria Energy Group.
El perfil de Heeney Capital, el nexo con Mercuria y la misión a Caracas
La irrupción de una entidad prácticamente desconocida en el ecosistema extractivo causó sorpresa entre los analistas internacionales.
El fondo neoyorquino mantiene un perfil sumamente reservado en los mercados de capitales:
La compañía limita el acceso a sus plataformas digitales únicamente a inversores registrados, presentándose formalmente como una incubadora de proyectos mineros en fases iniciales de desarrollo.
En un lapso de escasos meses, Heeney (38 años) y Pi (36 años) transitaron desde la estructuración de propuestas en oficinas gubernamentales hasta colocarse en el núcleo de las iniciativas de Washington para reactivar las industrias básicas venezolanas.
En tal sentido, el director asociado del Centro de Energía Global del Atlantic Council, Alexis Harmon, valoró el peso de la operación:
«Es una empresa muy pequeña y relativamente desconocida, pero la cartera de la que hablan es enorme».
A este respecto, el modelo de incursión de Heeney responde a la dinámica selectiva de la Casa Blanca:
Mientras conglomerados mineros del calibre de Alcoa Corp. rechazaron invitaciones formales para unirse a comisiones en Caracas por recelo a los riesgos regulatorios, firmas independientes y de menor escala tomaron la delantera:
- Compañías como Pacific Coast Energy Co., Augusta Capital y Gold Reserve Ltd. aceleraron sus gestiones para posicionarse en los vacíos productivos.
- Heeney y Pi forjaron su trayectoria conjunta en el banco Evercore Inc., desde donde saltaron a crear empresas como Mayfair Gold en Canadá y Siguiri Gold en Guinea.
- Sean Pi se incorporó a última hora a la comitiva oficial estadounidense que visitó Caracas en marzo, dialogando con Jarrod Agen, director del Consejo Nacional de Dominio Energético, y David Copley, coordinador gubernamental de inversiones mineras.
Asimismo, ni los cofundadores de Heeney Capital, ni las autoridades de Venalum, ni el despacho de Información en Caracas ofrecieron comentarios adicionales sobre los avances del acuerdo.
Aunado a esto, las fuentes del sector bancario confirman que los nuevos actores apuestan a la celeridad operativa para asegurar contratos preferenciales.
El control operativo de Venalum, la mina Choco y el factor de seguridad
Planes de expansión en oro y recuperación industrial
Por otra parte, la hoja de ruta que maneja la firma neoyorquina trasciende ampliamente el traslado logístico de aluminio hacia los puertos del Golfo.
Los inversores tramitan la obtención del control operativo integral de las instalaciones de Venalum:
Consultores especializados estiman que la fundición nacional requerirá una inyección financiera cercana a los 500 millones de dólares a lo largo de un período de cinco a siete años para restaurar su rendimiento original de 430.000 toneladas anuales, dado que la planta opera actualmente a una mínima capacidad.
En consecuencia, el equipo de Heeney explora también acuerdos para extraer carbón, persiguiendo la conformación de una comercializadora de minerales pesados radicada en suelo norteamericano.
De igual manera, los promotores anunciaron en septiembre un plan para desembolsar hasta 1.000 millones de dólares durante los próximos 30 años en el yacimiento aurífero Choco:
Los estudios técnicos proyectan una extracción de hasta 200.000 onzas anuales de oro, volumen que representa aproximadamente 820 millones de dólares a los valores vigentes de cotización internacional.
Pese a que documentos oficiales reportan que Heeney administra al menos un fondo con activos brutos por 20 millones de dólares, Pi testificó ante el Congreso de EE. UU. que su cartera global alcanza unos 1.200 millones repartidos en proyectos de acero, vanadio y hierro en varios continentes.
Violencia en las minas del sur y la estrategia de activos existentes
Por añadidura, el avance de estas inversiones privadas debe sortear un entorno de extrema complejidad en el estado Bolívar.
A diferencia del sector hidrocarburos, que concentró múltiples contratos en meses recientes, la minería formal en Venezuela arrastra años de rezago, falta de auditorías independientes y deterioro de infraestructura:
La veta de Choco se localiza en el municipio El Callao, un territorio donde bandas organizadas ejercen control armado sobre las explotaciones auríferas e imponen sus reglas mediante la violencia.
Aunque el gobierno interino encabezado por Delcy Rodríguez movilizó tropas de choque y helicópteros armados en junio para disputar esas zonas a los grupos armados, los especialistas consideran que el Estado aún no consolida una presencia territorial definitiva.
Por otro lado, Christopher Ecclestone, analista de Hallgarten & Company, descartó que las tradicionales multinacionales participen en este contexto: «Los grandes veteranos del mundo minero —Newmont, Barrick Mining Corp. o BHP Group— no van a adentrarse en las ruinas humeantes de Venezuela para hacerse con los activos de otros. Saben que allí les esperan problemas».
A pesar de estas advertencias, el portavoz de la Casa Blanca, Taylor Rogers, ratificó el rumbo de la política de Washington:
«EE. UU. está ayudando a resolver este problema de larga data. Estamos saneando el sector minero venezolano. Las empresas occidentales lo están mejorando y legitimando».
De modo que los participantes de Wall Street concentran sus esfuerzos en activos ya construidos para acelerar la extracción, un criterio que Sean Pi defendió abiertamente: «tenemos que ir donde están las rocas; en realidad, no podemos ser selectivos. Esto significa acudir a jurisdicciones que (…) los inversionistas occidentales considerarían fuera de su ámbito de actuación».
Con información de Bloomberg
