Toques de queda en Francia por violencia juvenil. Varias ciudades francesas han impuesto toques de queda nocturnos para menores debido al aumento de violencia relacionada con el narcotráfico. En 2024, esta ola de violencia dejó 110 muertos y más de 300 heridos en el país.
Nîmes, en el sur de Francia, es la última ciudad que implementó esta medida, vigente desde el 21 de julio, con restricciones entre las 21:00 y las 06:00 horas. La norma afecta a menores de 16 años en seis barrios vulnerables y busca protegerlos de la violencia, además de contener las tensiones recientes. También se reforzará la presencia policial.
El alcalde Jean-Paul Fournier calificó la situación de “insostenible” y denunció el “clima de miedo y terror” generado por los traficantes. El teniente de alcalde Richard Schieven añadió que el toque de queda también protege a niños de 12 y 13 años que podrían ser explotados por narcotraficantes.
Otras ciudades como Béziers y Limoges aplican toques de queda similares, aunque la efectividad ha sido cuestionada tras recientes episodios de violencia y disturbios protagonizados por jóvenes.
Toques de queda en Francia por violencia juvenil
Organizaciones de derechos humanos han criticado estas medidas, considerándolas “penalizadoras” y contrarias a las libertades fundamentales de circulación, especialmente durante las vacaciones escolares.
Expertos señalan que no hay pruebas claras de que los toques de queda reduzcan la delincuencia juvenil. El sociólogo Sébastien Roché considera estas medidas en gran parte simbólicas, ya que su éxito depende del control parental y de los recursos policiales disponibles.
La violencia relacionada con las drogas se ha extendido más allá de Marsella. El epicentro tradicional, y ha llevado al gobierno a endurecer las políticas de seguridad.
En 2025, se aprobó una ley para crear cárceles de máxima seguridad para narcotraficantes, una fiscalía especializada y mayores facultades para las autoridades. Recientemente, 17 barones de la droga fueron trasladados a una prisión de alta seguridad en Vendin-le-Vieil.
Estos esfuerzos buscan frenar una ola de violencia que también ha afectado el sistema penitenciario con incendios y ataques vinculados a bandas criminales en respuesta a la represión estatal.
