Países de la Unión Europea están listos para negociar la creación de un euro digital y fortalecer la infraestructura de pagos. Los países de la Unión Europea acordaron avanzar hacia la negociación de la creación de un euro digital, una moneda digital pública respaldada por el Banco Central Europeo, para ampliar las opciones de pago en toda la eurozona. Este acuerdo permite comenzar discusiones formales con el Parlamento Europeo sobre el marco legal que regirá esta nueva forma de dinero electrónico.
El euro digital estaría disponible tanto para el público general como para empresas, y permitiría realizar pagos dentro y fuera de línea, incluso sin conexión a internet, con el objetivo de modernizar la infraestructura de pagos en la eurozona. La medida busca mejorar la resiliencia del sistema de pagos y reducir la dependencia de medios de pago privados extranjeros, reforzando así la autonomía estratégica financiera europea.
Países de la Unión Europea están listos para negociar la creación de un euro digital y fortalecer la infraestructura de pagos
Según la posición adoptada por los gobiernos, la moneda digital complementará el efectivo y coexistirá con otros métodos de pago actualmente en uso. Además, se prevé que el euro digital tenga límites de tenencia y ciertas normas para equilibrar la estabilidad financiera y la innovación en pagos electrónicos.
La iniciativa forma parte de un proceso más amplio en el que la Unión Europea busca adaptar su economía a la digitalización creciente, responder a la evolución de las fintech y mantener la relevancia internacional del euro. El proyecto también contempla que el euro digital contribuya a reforzar la soberanía monetaria europea frente a alternativas privadas o extranjeras.
Una vez que se concluyan las negociaciones legislativas, corresponderá al Banco Central Europeo decidir si emite formalmente el euro digital. Si se cumplen los plazos previstos, se espera que un programa piloto pueda comenzar en 2027, con la posibilidad de despliegue completo en los años siguientes.
Este paso representa un hito en la transformación del sistema de pagos europeo y podría influir en la forma en que ciudadanos y empresas realizan transacciones en el futuro.
