Al ritmo de la música «Hijos de María», comenzó la eucaristía en honor a la Virgen de Chiquinquirá a quien este 31 de octubre se le honra con la conocida Bajada de la Virgen desde la parroquia San Juan de Dios entre miles de feligreses autoctonos y visitantes que desearon agradecerle por favores concedidos, así como los que hincados se acercaron a pedirle milagrosos en favor principalmente por la salud.
El monseñor José Luis Azuaje Ayala, quien presidió la misa, enfatizó que se quedó sentado por estar pasando la Covid-19 y refirió que se iría antes de culminar el acto por no poder estar respirando el humo de los fuegos artificiales. Sin embargo, fue muy respetuoso con llevar la palabra de Dios.
«Lucha, canta y ora (…) alégrate pueblo zuliano por ser hijos de Dios. Todos somos hermanos e hijos en Cristo», dijo el arzobispo de Maracaibo a los presentes en la plazoleta San Juan de Dios.

Coincidió que hay que crear puentes de encuentros sin soberbia desde la pequeñez de la humanidad. El padre adelantó sobre la tarea que queda por delante en Venezuela. «Su gozo nace en los indefensos; en los no poderosos. Debemos ser en este tiempo como Maria, un sagrado itinerante que lleva gozo pese a las adversidades. El amor por la Chinita nos debe llevar por el amor. La reconciliación debe ser sin ataduras; que se funda en libertad de pensamiento y acción. En la reconstrucción de nuestra patria todos somos necesarios», refirió el monseñor.
Azuaje Ayala culminó el acto litúrgico pidiéndole a María, la madre de Dios, por todos los presentes y la Venezuela futurista que se acerca. De igual modo, oró por los gobernantes y la parroquia San Juan de Dios por la intersección de la Virgen María. «Dios, te pedimos desde el corazón. Amén», terminó el religioso.

