Los pescadores artesanales del Caribe colombiano congelan sus faenas ante el temor a las bombas de Estados Unidos. La pesca artesanal en riesgo marcó los días previos a la cumbre Celac-UE en Santa Marta, mientras aumentaba el temor entre comunidades costeras. Además, la pesca artesanal en riesgo refleja la tensión causada por los recientes ataques estadounidenses contra supuestas narcolanchas cerca de la costa colombiana.
Miedo en comunidades del Caribe
El viernes, dos días antes de iniciar la cumbre, militares estadounidenses atacaron otra embarcación. Con ese hecho, ya suman 20 bombardeos y cerca de 70 muertos.
En Berrugas, en el Golfo de Morrosquillo, unos 800 pescadores redujeron sus jornadas por miedo a salir lejos de la costa. La actividad casi se detuvo desde finales de septiembre.
Muchos, como Eduar Blanco, aseguran que no visitan sus mejores zonas de pesca porque no se sienten seguros.
En Tolú la situación es igual. Los pescadores temen que sus lanchas sean confundidas con embarcaciones ilegales, especialmente porque trabajan lejos de tierra firme y pasan días en altamar.
Los pescadores artesanales del Caribe colombiano congelan sus faenas ante el temor a las bombas de Estados Unidos
La preocupación crece después de la denuncia sobre un pescador de Santa Marta, Alejandro Carranza, quien habría sido víctima de un ataque. Petro respaldó esa posibilidad y se reunió con su familia durante la cumbre.
En Providencia también bajó la actividad. Algunos pescadores evitan aguas profundas y la oferta reducida elevó el precio del pescado.
La Federación de Pescadores de Providencia y Santa Catalina pidió ayuda a la ONU y alertó sobre la falta de garantías para trabajar.
Los pescadores denuncian que están atrapados entre embarcaciones ilegales y operativos militares. Varios graban sus faenas por seguridad, aunque saben que eso no los protege ante un ataque.
Choque político y más incertidumbre
El ministro de Defensa, Pedro Sánchez, aseguró que los pescadores «están protegidos», pero sus declaraciones cayeron mal entre comunidades que sienten el impacto económico y emocional del conflicto.
La suspensión de la cooperación de inteligencia con Estados Unidos, ordenada por Petro, aumentó la incertidumbre. Para muchos pescadores, esa desconexión podría generar operativos menos precisos y riesgos mayores.
Con la llegada de los vientos alisios entre diciembre y febrero, el mar se vuelve más exigente. En esas condiciones, la pesca artesanal en riesgo enfrenta uno de sus panoramas más difíciles en años.
