Los lagos rosados de Australia en peligro por el cambio climático. Pink Lake y Hillier pierden su color característico por la sobreexplotación de sal y lluvias extremas
Los emblemáticos lagos rosados de Australia Occidental, conocidos por su tono fucsia único en el mundo, enfrentan un riesgo creciente debido al cambio climático y la intervención humana. Investigaciones de la Universidad de Curtin y reportes de National Geographic alertan que el aumento de temperaturas y las lluvias inusuales alteran la salinidad de estos ecosistemas, amenazando la supervivencia de los microorganismos responsables del color.
El característico tono rosa es producto de extremófilos como la microalga Dunaliella salina y la bacteria Salinibacter ruber, que prosperan en ambientes hipersalinos y producen betacaroteno, pigmento que protege de la radiación solar. Sin embargo, la extracción excesiva de sal y la variabilidad climática han favorecido a organismos verdes que desplazan a estas especies, desvaneciendo el color que atrae a miles de turistas cada año.
Los lagos rosados de Australia en peligro por el cambio climático
El Pink Lake, ubicado cerca de Esperance, perdió su color a principios de los 2000 tras décadas de explotación salina. La disminución de salinidad transformó sus aguas en tonos grisáceos, generando preocupación en las comunidades locales que dependen del turismo. Por su parte, el lago Hillier, en la isla Middle, perdió su vibrante tono este año debido a lluvias excepcionales que diluyeron la salinidad, fenómeno atribuido al cambio climático.
El biólogo Angus Lawrie, de la Universidad de Curtin, advirtió que, pese a ser organismos extremadamente resistentes, estos microorganismos “aún corren peligro si se alteran sus condiciones naturales”.
Iniciativas para su recuperación
Científicos australianos impulsan proyectos para revertir el daño. En Pink Lake se plantea transferir sal desde el vecino Lake Warden para restablecer los niveles adecuados y favorecer el retorno de extremófilos, lo que podría devolverle su color en menos de una década. En Hillier, expertos confían en que los ciclos naturales de salinidad lo restauren a mediano plazo.
El hidrólogo Nik Callow, de la Universidad de Australia Occidental, sostiene que este proceso marca un cambio de era: “Pasamos de conquistar la naturaleza a intentar repararla”.
La desaparición del color en estos lagos se ha convertido en un barómetro visible del impacto humano en el medio ambiente, recordando la urgencia de priorizar la preservación de los ecosistemas.
