El pulmón vegetal de Maracaibo existe pese a sus edificaciones y progreso; se trata de la Fundación Jardín Botánico de Maracaibo «Dr. Leandro Aristeguieta» que por más de 40 años sigue brindando bondades naturales al occidente de Venezuela y todos los visitantes del mundo con el espectacular florecimiento de los curarires
Maracaibo, 29 de abril de 2024. Anualmente, la conexión con la naturaleza más pura se intensifica en el Jardín Botánico de Maracaibo, capital de Zulia en el occidente de Venezuela. Para muchos más de lo mismo, mientras que para otros la oportunidad de sentirse privilegiado de ser parte de la vida a plenitud que ofrece bondades más allá de flores amarillas.
108 hectáreas conforman la Fundación Jardín Botánico de Maracaibo «Dr. Leandro Aristeguieta». Los curarires, primos del araguaney -árbol nacional venezolano-, pueden crecer hasta 45 metros en una reserva de bosque seco tropical que puede brindar esta zona del Zulia por la cuenca del lago.

Más de 1.000 plantas autóctonas brillan solo 4 días y brindan su esplendor a quienes lo visitan; alejados de Maracaibo en unos 21 kilómetros de los ruidos, edificaciones y humo contaminado, es el perfecto espacio para ser parte de lo que somos: de la creación de Dios.
Aunque estos árboles son más abundantes y fuertes en la capital zuliana, tiene que estar en un terreno adecuado para su florecimiento anual.

Carolina Mora, miembro directivo del Jardín Botánico de Maracaibo, considera es lugar como «mágico» por esa reavivar dorado luego de una intensa sequía. “Actualmente somos una referencia a nivel nacional porque este único evento natural que, sin saber alguna fecha exacta de la primera lluvia, sabemos que todos deben apresurar el paso porque solo dura cuatro días (…) En Falcón, Lara también se ve esta majestuosidad con la diferencia de las lluvias en cada región”.

¿Por qué los curarires no se dan en otro lado?
Estas plantas –los curarires– se dan principalmente en bosques secos tropicales. “No se necesita ningún tipo de trucos o mano humana para su floración. Los curarires con plantas caducifolios –es un sistema de autoprotección y ahorro que las plantas activan cuando las hojas ya no les sirven para hacer la fotosíntesis– (…) El resto del año, el curarire está el resto del año es un sistema verde descanso para ahorrar energía y por eso puede dar la impresión que está muerto, pero no es así”, enfatizó Juan Marrufo, gerente de Operaciones del Jardín Botánico de Maracaibo.

El punto de verano solo se da si el clima es controlado por la misma naturaleza. Para el también ingeniero, es casi improbable que si el curarire se siempre en otra zona de la ciudad marabina este puede florecer como en el jardín botánico. “Puede crecer, pero difícilmente tendrá el efecto que muchos querrán. Si el ciudadano común ve seco un árbol durante al menos tres meses estos van a querer regarlo, pero estarás impidiendo que él (árbol) cumpla su ciclo de botar las hojas”.
“Nunca me había sentido tan vivo”
La floración dorada en Maracaibo da la oportunidad de reencuentro familiar y con el ser. No importa la edad, solo las ganas de vivirlo. Tal es el caso de Hernando Chirinos Romero, de 79 años de edad. “Para mí es la primera vez que veo a los curarires en todos mis años de vida, y créanme cuando les digo que perdí mucho tiempo entre cemento y ladrillos y no con este bello paisaje que reaviva mis ganas de vivir. Es un orgullo verlo y poder decir que nunca me había sentido tan vivo”.

Para la fotógrafa Elena Socorro, oriunda del municipio fronterizo de Machiques de Perijá en el Zulia, ser parte de la primavera dorada es un placer poderlo vivir desde hace unos años. “Cuanto más pasa el tiempo, más adoro ver florecer a los curarires; inclusive, hasta un premio internacional gane por unas fotos que hicimos aquí”.

Hildebrando Méndez, junto a su perro «Max», visitan todos los fines de semana el jardín botánico. Aunque es nativo de Colombia se crio en el estado Táchira, pero se enamoró del Zulia.
“Venir genera placer y emoción mental; un aire puro, cálido y real es lo que necesitamos todos los días (…) Venir con mi mascota es divertido, pero sé que él también le agrada por tanta gente bonita que se le acerca para darle cariño. Mi mensaje es que no solamente vengan cuando florecen los curarires, sino que aquí existen otras bondades que este pulmón de Maracaibo le brinda hasta el que no viene”.

