La desesperación social y la vulnerabilidad estructural mantienen en vilo a miles de ciudadanos que pernoctan en las vías públicas del litoral central. La población damnificada permanece fuera de las edificaciones en La Guaira ante el temor latente a nuevos desplomes arquitectónicos. Las familias denuncian una baja presencia de autoridades de seguridad y equipos especializados de salvamento en los sectores más golpeados. Asimismo, los cuerpos de bomberos locales carecen de la maquinaria pesada indispensable para la remoción rápida de los grandes bloques de concreto. En consecuencia, la ausencia de directrices claras incrementa la incertidumbre ante esta tragedia sismológica.
La parálisis de los servicios básicos mantiene a las comunidades costeras en una situación de aislamiento casi absoluto desde la madrugada de este jueves. Además, las principales vías de comunicación terrestre hacia la entidad litoraleña comenzaron a ser cerradas por los cuerpos de orden público. Sin embargo, la interrupción total del suministro eléctrico y de las señales de telefonía móvil impide la localización rápida de los ciudadanos atrapados. Por consiguiente, los habitantes de la región desconocen la ubicación exacta de los refugios provisionales dispuestos para atender la tragedia sismológica.
Saqueos y daños materiales en Catia La Mar
La escasez de alimentos e insumos de primera necesidad detonó incidentes de alteración del orden público en las principales avenidas de la entidad caribeña. En este sentido, los comercios de la avenida El Ejército de la ciudad de Catia La Mar sufrieron saqueos durante las horas nocturnas. Por lo tanto, un grupo importante de personas se aglomeró frente a los pocos locales en pie con la esperanza de recibir comida. Por otro lado, las llamas consumieron en su totalidad la estructura de un mercado municipal, sumando más caos a la tragedia sismológica.
«La gente quería comida, porque no tenían nada. Eso fue horrible, horrible», relató la comerciante Ana Echeverría tras perder su establecimiento comercial.
La afectada de 45 años de edad explicó que logró evacuar a su personal gracias a una alerta sísmica digital automatizada en su teléfono. De igual manera, los propietarios de los negocios adyacentes vigilan sus propiedades destruidas junto a sus familiares para evitar nuevos robos patrimoniales. Adicionalmente, las patrullas policiales transitan de forma continua por las barriadas populares, aunque los funcionarios aún no transmiten instrucciones operativas concretas sobre la tragedia sismológica.
Declaratoria oficial de zona de desastre natural
Las evaluaciones técnicas de los daños estructurales confirman que la franja costera del norte del país recibió el mayor impacto del evento geológico. Por consiguiente, la presidenta encargada de la república, Delcy Rodríguez, ratificó que la entidad territorial costera fue declarada formalmente bajo régimen de desastre natural. Por ende, el Ejecutivo nacional mantiene el balance provisional de 164 ciudadanos fallecidos y 971 heridos registrados tras el sorpresivo doblete sísmico del miércoles. Los expertos de los centros de alertas internacionales continúan midiendo las réplicas secundarias de la tragedia sismológica.
Finalmente, las agencias geofísicas explicaron que los dos terremotos de magnitudes 7,2 y 7,5 ocurrió con un intervalo de apenas 39 segundos. Las familias afectadas exigen el envío inmediato de brigadas civiles internacionales para acelerar la búsqueda de los sobrevivientes sepultados bajo las viviendas derrumbadas. De la misma manera, las organizaciones de derechos humanos intentan ingresar agua potable a través de los caminos vecinales alternos no bloqueados. Los comités vecinales de auxilio mutuo mantendrán las guardias nocturnas en las aceras para enfrentar la tragedia sismológica.
Con información de EFE
