Inclusión en la música: comunidad sorda vive el perreo de Bad Bunny en Puerto Rico. La residencia “No me quiero ir de aquí” de Bad Bunny en el Coliseo de Puerto Rico se convirtió en un ejemplo de inclusión cultural: personas sordas disfrutaron del concierto gracias a intérpretes de lengua de señas que transmitieron, con ritmo y energía, las letras del artista urbano.
“Ha sido una experiencia maravillosa, en cuestión de accesibilidad, de poder entender lo que se está diciendo en la música, cuál es el vocabulario que se está usando, y las señas, su energía, el ritmo va a la par con lo que es el concierto”, explicó a EFE la joven sorda Zoé Marie Rodríguez, emocionada tras vivir la presentación de su ídolo.
Inclusión en la música: comunidad sorda vive el perreo de Bad Bunny en Puerto Rico
Rodríguez recordó que en su niñez no tuvo acceso a la música, pero que este año, tras asistir a un concierto de la banda puertorriqueña Chuwi con intérprete de señas, descubrió una nueva manera de conectarse con el arte. “Podemos sentir la vibración de la música en nuestro cuerpo y, junto a las señas, establecer la conexión con lo que está ocurriendo en tarima”, comentó.
En Puerto Rico, cerca de 200.000 personas tienen algún grado de sordera, según datos de la Defensoría de Personas con Impedimento. Por ello, colectivos como la Asociación Puertorriqueña de Sordos y Sordos-Ciegos (APSSC) insisten en la necesidad de garantizar intérpretes en espectáculos masivos.
“El acceso nos permite ser parte de la experiencia, bailar, emocionarnos y disfrutar de la música como todos los demás”, subrayó la presidenta de la organización, quien destacó especialmente el momento de la canción Baile Inolvidable.
Con este esfuerzo, los conciertos en Puerto Rico avanzan hacia un modelo más inclusivo, donde la accesibilidad también se convierte en parte esencial del espectáculo.
