Valencia, 8 de julio de 2025-. Exceso de pantallas retrasa el habla en los niños. . A sus tres años, solo decía «papá», «mamá» y «agua». Su lenguaje no avanzaba como el de su hija mayor.
La preocupación de Zulay la llevó a especialistas. Una terapeuta del lenguaje hizo una pregunta clave. «¿Cuánto tiempo pasa el niño frente al televisor o el teléfono?». Iván pasaba varias horas al día con dispositivos.
El pediatra de Iván diagnosticó retraso en el lenguaje. Lo refirió a la terapeuta. La especialista explicó la razón. El tiempo de pantalla, aunque inofensivo, afectaba su cerebro. Le restaba espacio para interactuar y escuchar. No le permitía responder en conversaciones reales.
Exceso de pantallas retrasa el habla en los niños
Se determinó que el retraso no era por discapacidad. Era por la falta de estimulación. Causada por la exceso pantallas retrasa lenguaje.
Especialistas consultadas por Crónica Uno lo explican. El desarrollo cognitivo depende de interacción social. También de la lectura y el juego. El tiempo prolongado frente a pantallas reduce estas oportunidades. Esto puede retrasar el lenguaje. Dificulta la comprensión de señales sociales.
Daños cognitivos y sociales
La experiencia de Zulay no es única. Un estudio de JAMA de 2023 lo confirma. Evaluó a más de 7000 niños. Bebés de un año con más de cuatro horas de pantalla. Tenían cinco veces más riesgo de retrasos en comunicación.
Veronica Reni, terapeuta, señala la interacción unidireccional. Las pantallas no exigen ni modelan respuesta. El cerebro infantil recibe estímulos excesivos. Imágenes, música y colores bombardean. No corresponden a lo que puede procesar. Esto genera sobreestimulación nerviosa.
Esta sobreestimulación afecta otras actividades. Juegos didácticos parecen aburridos o lentos. El uso excesivo de pantallas retrasa la adquisición de vocabulario. También afecta habilidades lingüísticas. «Provoca un retraso clarísimo en la adquisición de vocabulario», afirma Reni. Afecta el lenguaje expresivo y comprensivo.
Andrea Cimino, de Criando Entre Pantallas, añade más. El uso excesivo afecta funciones cognitivas. Planificación, resolución de problemas y autorregulación son impactadas. Interfiere con el aprendizaje por exploración. El cerebro infantil necesita experiencias reales. La interacción humana desarrolla conexiones sólidas. Las pantallas no pueden ofrecer esto.
Contenidos hipersensoriales entrenan al cerebro. Buscan nuevos estímulos constantemente. Generan atención fragmentada. Dificultan la concentración en lectura o conversaciones.
Reni advierte sobre la conducta social y emocional. Limita el desarrollo de empatía. También la resolución de conflictos. Programas con exceso de estímulos visuales enganchan. Como ‘Coco Melón’ y ‘Baby Shark’. Pueden afectar el sueño. La exposición a contenido inadecuado normaliza agresiones. Fomenta dependencia emocional de dispositivos. Dificulta manejar frustración o aburrimiento.
Recomendaciones para padres
Zulay relata su experiencia. «Fue difícil al principio, pero reducimos el tiempo de pantalla». Empezaron con juegos de mesa. Leyeron cuentos antes de dormir. Salieron al parque y hablaron mucho más.
La terapia del lenguaje y los cambios en casa ayudaron. Iván progresó notablemente. «Ahora arma frases y nos pregunta cosas».
Organizaciones emiten advertencias. La Asociación Española de Pediatría (AEP) sugiere evitar pantallas. No usarlas en menores de seis años. Recomiendan limitar una hora diaria a niños de 6 a 12 años.
Expertas coinciden en supervisar contenido. Es fundamental establecer límites. Hablar con los hijos sobre lo que consumen. «Es importante promover momentos de vinculación familiar sin tecnología». Recomiendan rutinas de juegos, conversaciones afectivas. También paseos familiares que estimulen.
