Elecciones presidenciales en Venezuela tardarían más de un año por trabas en las reformas institucionales, revela informe de Reuters. Las esperadas elecciones presidenciales en Venezuela podrían demorarse un año o más debido a los complejos cambios estructurales pendientes en el Poder Judicial y el árbitro electoral.
Dirigentes de partidos aliados, voceros opositores y analistas confirmaron este viernes 25 de septiembre de 2026 que el proceso enfrenta severos obstáculos operativos y una notable falta de premura por parte de la Casa Blanca para acelerar los comicios.
La jefa del Ejecutivo interino, quien asumió el mando luego de que tropas estadounidenses capturaran a Nicolás Maduro en enero, aseguró el miércoles ante la Asamblea General de la ONU que el Estado alista los preparativos electorales, pero evitó fijar fechas concretas.
Reformas institucionales y trabas operativas de fondo
El nudo principal que frena la convocatoria a las urnas radica en el plan para sustituir a los 32 magistrados del Tribunal Supremo de Justicia y a los cinco rectores principales del Consejo Nacional Electoral:
Las fuerzas democráticas y observadores foráneos de derechos humanos denunciaron de forma sistemática la sumisión de ambas instancias durante los comicios de 2018 y 2024.
En tal sentido, delegados del Gobierno interino y una fracción opositora discuten esta reestructuración institucional en mesas auspiciadas directamente por Estados Unidos.
Asimismo, los peritos técnicos advierten que nombrar una nueva directiva arbitral apenas constituirá el paso inicial de una larga y compleja faena.
Aunado a esto, el director de la firma consultora ORC, Oswaldo Martínez, remarcó que las autoridades competentes deberán depurar el padrón de votantes, habilitar a las organizaciones proscritas y decidir si utilizarán boletas manuales o máquinas automatizadas:
«Ese proceso solo podría tardar hasta un año».
Así lo ratificaron fuentes ligadas a las deliberaciones a la agencia Reuters, descartando cualquier votación antes del cierre del venidero año.
El interés comercial de Washington y el margen de maniobra
La estabilidad por encima de la celeridad del sufragio
Por otra parte, la diplomacia estadounidense defiende una postura cautelosa al supeditar el cambio de poder a la recuperación social y financiera del país:
El secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, justificó esta doctrina con un señalamiento explícito sobre los peligros de un colapso precipitado:
«Lo que amenazaría una república duradera en Venezuela sería que alguien sea elegido y herede una catástrofe completa, económica y social, y entonces todo el proyecto peligre».
En consecuencia, sectores críticos reclaman que Washington postergó las presiones democráticas para privilegiar la firma de convenios de explotación energética con el mandato interino.
De igual manera, el presidente Donald Trump impulsó el mes pasado un plan histórico para controlar una quinta parte de las reservas de crudo venezolanas.
Claramente, la directora para América Latina de Eurasia Group, Risa Grais-Targow, evaluó las consecuencias geopolíticas de este alineamiento:
«La Administración Trump prioriza actualmente la estabilidad económica y los acuerdos relacionados con el petróleo bajo Delcy, con poca urgencia aparente para avanzar hacia una nueva votación. Eso, junto con algunos de los cambios institucionales requeridos, sugiere que no se celebrarán nuevas elecciones hasta finales de 2027 como mínimo, con la posibilidad de que tarde más».
Exclusión de María Corina Machado y horizontes dilatados
Por añadidura, la principal dirigente de la oposición y galardonada con el Premio Nobel de la Paz en el exilio, María Corina Machado, permanece completamente al margen de las conversaciones:
Las autoridades impiden los intentos de Machado de regresar al suelo patrio, mientras legisladores norteamericanos cuestionan que la Casa Blanca no arranque concesiones democráticas tangibles al equipo de Rodríguez.
Por otro lado, el analista de la firma consultora Teneo, Nicholas Watson, destacó la sincronía pragmática que exhiben ambas administraciones:
«La estabilidad y la normalización económica, centradas en gran medida en la participación comercial estadounidense, siguen siendo las prioridades».
Watson puntualizó que Washington y Caracas manejan la transición como una meta «a más largo plazo» y «abierta», sentenciando que ninguno de los dos actores está dando pasos decisivos hacia un proceso electoral inmediato.
Con información de Reuters
