El miedo a un arresto en EE. UU. llevó a una familia colombiana a autodeportarse. Una familia colombiana decidió dejar Estados Unidos y regresar por propia voluntad a Colombia ante el temor de un nuevo arresto migratorio. El temor a que sus cuatro hijos vivieran «el trauma» de un operativo del U.S. Immigration and Customs Enforcement (ICE) fue la razón que motivó la autodeportación de la madre, la ciudadana colombiana Yarlidis Goez‑Santos.
Una familia marcada por el miedo
Hace un año, el esposo de Goez-Santos fue detenido por ICE mientras iba rumbo a su trabajo, lo que dejó a la familia en una situación de gran vulnerabilidad. Desde entonces, la madre vivió con miedo constante: evitaba salir con sus hijos y solo lo hacía en casos estrictamente necesarios, como llevar a los niños al médico. Vivir con ese temor, sintiéndose “cazada”, generó una tensión emocional tan grande que decidieron marcharse.
Según relató ella misma, no quería que sus hijos vivieran la experiencia de un arresto forzado — salir esposados, ser arrancados de su casa, presenciar un operativo — y optó por poner fin al sueño americano. Decidieron autodeportarse en un vuelo hacia Colombia, tras un proceso coordinado con las autoridades migratorias.
El miedo a un arresto en EE. UU. llevó a una familia colombiana a autodeportarse
La familia había llegado a Estados Unidos tres años atrás con la intención de solicitar asilo, escapando de la violencia en Colombia. Pero tras la deportación del padre y la negación de su caso, la madre consideró que su situación era insostenible. Prefirió regresar “con lo puesto” antes de exponer a sus hijos a un nuevo arresto arbitrario.
Dos de sus hijos son ciudadanos estadounidenses, y la menor tiene apenas ocho meses. A pesar de la incertidumbre de volver a Colombia —un país cuya situación no conocen — decidieron dar ese paso buscando proteger su bienestar emocional y familiar.
Un drama entre políticas migratorias y temor cotidiano
Este caso ilustra el impacto de las políticas migratorias restrictivas en familias vulnerables: más allá de las cifras, hay decisiones dolorosas tomadas por miedo real a la separación, al hostigamiento, al trauma psicológico. Muchas familias, como esta, optan por autodeportarse voluntariamente ante el temor a perderlo todo o ver a sus hijos sufrir.
También revela la carga emocional de vivir en un estado permanente de tensión, la pérdida de expectativas y de esperanza, y cómo ese miedo puede desencadenar decisiones extremas: dejar atrás sueños, derechos, y la vida construida.
Con información de Spectrum Noticias / EFE
