Valencia, 2 de noviembre de 2026-. Denunciaron la muerte por tuberculosis de un preso reo que llevaba en custodia del Estado tres años y no tuvo juicio.
Franklin José Abello Castellanos, de 65 años, murió por tuberculosis mientras permanecía detenido en los calabozos de la Policía Nacional Bolivariana (PNB), conocidos como «Pata e’ Palo», en Barquisimeto, estado Lara. El Observatorio Venezolano de Prisiones (OVP) denunció que el hombre llevaba tres años privado de libertad sin sentencia y sin haber iniciado su juicio.
La organización informó que Abello falleció el martes 27 de octubre, después de varios meses con fiebre, dolores corporales y malestar persistente. Según el relato de sus familiares, durante ese tiempo no recibió atención médica oportuna y el único medicamento que le suministraban para aliviar los síntomas era acetaminofén.
«Murió de tuberculosis, una enfermedad que contrajo mientras permanecía recluido, donde su salud se deterioró durante meses sin recibir atención médica oportuna», señaló el OVP en su página web.
La ONG agregó que su condición empeoró progresivamente: la fiebre se hizo más frecuente, perdió la capacidad de alimentarse adecuadamente y llegó a no poder sostenerse por sí mismo.
Denunciaron la muerte por tuberculosis de un preso reo que llevaba en custodia del Estado tres años y no tuvo juicio
Ante el empeoramiento de su estado, funcionarios policiales informaron a los familiares que debían gestionar su traslado a un centro asistencial.
El jueves 15 de octubre, sus allegados consiguieron llevarlo a la emergencia del Hospital Central Antonio María Pineda de Barquisimeto. Allí le realizaron una radiografía que, según el testimonio familiar, mostró un compromiso importante de los pulmones. Sin embargo, no quedó hospitalizado y fue enviado nuevamente a los calabozos con medicamentos.
«Le hicieron una placa y sus pulmones estaban demasiado comprometidos, la doctora no me lo quiso hospitalizar, me dijo que no lo podían tener, ni siquiera me lo revisó, solo mandó medicamento y me lo regresaron a Pata e’ Palo», relató un familiar al OVP.
La organización también describió las condiciones en las que dormía Abello. El detenido utilizaba una hamaca improvisada con sábanas, conocida como «aérea». Al regresar del hospital estaba tan debilitado que no pudo subir y tuvo que dormir en el suelo.
Según la denuncia, los demás presos no quisieron ayudarlo porque temían tocarlo. El OVP señaló que la celda tenía condiciones de insalubridad, con una letrina en el mismo espacio y malos olores.
Al día siguiente, Abello tuvo que ser trasladado nuevamente al hospital por dificultades respiratorias. Recibió oxígeno y fue sometido a nuevas evaluaciones, durante las cuales los médicos detectaron manchas en su espalda. Otros exámenes permitieron finalmente diagnosticarle tuberculosis.
Recibió tratamiento, pero la enfermedad estaba avanzada
Sus familiares acudieron posteriormente al Hospital Luis Gómez López, donde funciona un área especializada en neumología. Sin embargo, denunciaron que no había camas disponibles y que únicamente les entregaron el tratamiento contra la tuberculosis.
«Doce días estuvo Franklin aquí hospitalizado, pero parece que los médicos y enfermeras no querían tener contacto con él. Yo tenía que suplicar para que lo atendieran, así es siempre que llega un preso, los tratan con desprecio», denunció un allegado.
Aunque recibió tratamiento durante algunos días, la enfermedad se encontraba en una fase avanzada y Abello falleció el 27 de octubre.
«Hay que hablar porque cuando callamos tapamos muchas cosas», expresó su familiar ante el Observatorio Venezolano de Prisiones.
OVP denuncia hacinamiento y falta de atención médica
La organización advirtió que los calabozos de la PNB en Barquisimeto concentran actualmente a más de 300 personas privadas de libertad, pese a que las instalaciones fueron construidas originalmente como un destacamento de Tránsito Terrestre.
El OVP aseguró que dentro del recinto hay numerosos detenidos con problemas respiratorios y denunció la presencia de tuberculosis sin medidas suficientes para atender a los enfermos.
También señaló que el establecimiento no cuenta con un médico que evalúe regularmente a la población reclusa. Cuando algún detenido presenta problemas de salud, sus familiares deben conseguir los medicamentos y suministrarlos, aunque no siempre llegan a sus destinatarios.
La alimentación depende igualmente de los allegados, quienes deben llevar comida a diario. Sin embargo, las dificultades económicas impiden que todas las familias puedan cumplir con esa obligación.
