Tal Cual – Caracas, 19 de julio de 2023.– Shirlei Aparecida de Souza aplasta a pisotones las latas vacías que recolectó por las calles de la periferia de Sao Paulo para convertirlas en sustento familiar y en el inicio de un ciclo de reciclaje del que Brasil es modelo.
Esta mujer de 38 años es una entre un millón de recolectores en Brasil, parte fundamental de un proceso que en 2022 igualó por primera vez la cantidad de material reciclado al total de latas producidas, según Recicla Latas, asociación de fabricantes y recicladores brasileños.
Para el medioambiente, la reutilización del aluminio evitó la emisión de 15 millones de toneladas de gases de efecto invernadero en la última década, según la asociación.
Y sirve de sustento para personas en situación de pobreza, cuya búsqueda entre los desechos se ha vuelto una escena cotidiana en todo el país.
«Cada día de colecta puede rendir unos 20 reales (USD 4) que alcanzan para lo básico: un paquete de arroz, frijoles o alguna carne», dice a la AFP la recolectora, que vive con su esposo y una de sus cinco hijas en una casa sin acabar en Jardim Lapenna, barrio del este paulista.
Vestida con camiseta, pantalones cortos y chanclas, sale de recorrida temprano junto a su madre, quien la introdujo en esta «tradición familiar» a los 15 años.
Shirlei arrastra una bolsa de consorcio negra, que espera llenar: por cada kilo de latas, unas 67 unidades, recibe 6,20 reales (USD 1,3).
Agrupados en cooperativas o de forma independiente como Shirlei, los recolectores venden el aluminio a chatarreros o centros de recolección, que a su vez abastecen a las grandes recicladoras.
Comparada con otros materiales, como el cartón, «la lata tiene mayor valor, y menor volumen para cargar, por eso hay mucha competencia entre los recolectores», explica Aline Sousa da Silva, articuladora social de la Asociación Nacional de Recolectores (Ancat).
Pedro, de 31 años, comienza a las cuatro de la mañana para llegar primero.
«Cuesta y no sobra nada, pero se gana dinero honestamente», dice, sentado al volante de una camioneta desvencijada, con una montaña de bolsas en la parte trasera que juntó cerca de la Avenida Paulista, símbolo de poder de la ciudad.