Advierten que el saldo del doble terremoto en Venezuela podría superar los 30.000 fallecidos ante 29.000 desaparecidos mientras 200.000 menores siguen sin escuelas tras cuatro meses del siniestro. El director de la Fundación Unidos en la Misión, el sacerdote jesuita Jesús «Txuo» Rodríguez Villarroel, alertó este jueves 22 de octubre de 2026 que la crisis provocada por el doble terremoto del pasado 24 de junio ingresó en una fase «mucho más larga y menos visible».
El líder religioso explicó a la agencia EFE que la magnitud de la tragedia trasciende las pérdidas materiales cuantificables, afectando gravemente la estabilidad anímica de los sobrevivientes, la reanudación escolar de la infancia y la habitabilidad de las barriadas golpeadas.
El balance humano del desastre y la amenaza de 30.000 víctimas fatales
El representante de la institución eclesiástica detalló las cifras alarmantes que dejaron los sismos y la vulnerabilidad de las zonas golpeadas:
- El recuento oficial confirma hasta el momento la muerte de 6.509 personas en todo el territorio venezolano, aunque los reportes en el terreno sugieren una dimensión mucho más trágica.
- El sacerdote advirtió con preocupación que la cifra final de víctimas mortales podría superar los 30.000 decesos debido a las 29.000 personas que continúan registradas como desaparecidas entre los escombros.
- El cuadro de afectación contempla más de 200.000 heridos y al menos 20.000 familias que perdieron completamente sus viviendas o habitan en estructuras agrietadas.
- El sacerdote delimitó la realidad de la emergencia actual: «La emergencia no se mide por los edificios afectados ni por la ayuda distribuida, sino que también se siente en las viviendas que aún no se han recuperado, las escuelas que no funcionan y las personas que siguen afrontando heridas físicas y emocionales».
- Los sectores en situación de pobreza crítica y la población infantil absorbieron el golpe más demoledor tras el colapso de los servicios esenciales comunitarios.
En tal sentido, las brigadas médicas comunitarias señalan que el trauma colectivo requiere intervenciones psicosociales permanentes y prolongadas.
A este respecto, diversos equipos de ayuda humanitaria insisten en que la falta de un techo propio condena a miles de damnificados al hacinamiento.
Aunado a esto, las parroquias y centros de acopio continúan canalizando víveres para garantizar la alimentación mínima en los sectores más aislados.
Asimismo, los ingenieros estructurales inspeccionan las viviendas populares para certificar cuáles inmuebles admiten reparaciones seguras y cuáles demandan demolición total.
Crisis en el sistema educativo y la alianza por la escolaridad
200.000 estudiantes fuera de las aulas
Por otra parte, la destrucción de la infraestructura formativa amenaza con provocar una deserción escolar masiva y sin precedentes.
El movimiento telúrico destruyó o inhabilitó severamente cerca de 400 centros educativos en las entidades más afectadas por el temblor.
Dicho daño masivo dejó de manera inmediata a unos 200.000 niños, niñas y adolescentes totalmente fuera del circuito escolar regular.
Rodríguez Villarroel lanzó una advertencia directa sobre el porvenir de la juventud: «Muchos de esos 200.000 puede que no regresen a su escuela».
Esa deserción potencial ensancharía drásticamente una brecha educativa que ya mantenía a 1,2 millones de menores sin acceso a las aulas antes del siniestro.
En consecuencia, los voceros educativos demandan la habilitación prioritaria de salones provisionales para impedir que los jóvenes abandonen sus estudios.
De igual manera, los educadores advierten que la desescolarización expone a la infancia a situaciones de explotación y abandono temprano.
La respuesta de Fe y Alegría y Manos Unidas
Por añadidura, las instituciones civiles y religiosas articulan esquemas pedagógicos de contingencia para devolver la esperanza a las familias.
La red educativa Fe y Alegría suscribió una alianza de cooperación directa con la oenegé española Manos Unidas para garantizar la «educación en emergencia».
Dicho programa atiende activamente a 24 planteles escolares en zonas críticas, integrando el aprendizaje académico con módulos de soporte emocional.
Por otro lado, los docentes y psicólogos de la red asisten a los padres y representantes en el manejo de las pérdidas familiares y el duelo postraumático.
Solidaridad en la zona cero y el llamado contra el olvido mediático
Resiliencia popular en La Guaira
Con todo, el jesuita enalteció la conmovedora respuesta cívica de la sociedad venezolana durante las semanas más oscuras de la tragedia.
Rodríguez Villarroel calificó de «impresionante la solidaridad y la capacidad de resiliencia» de los habitantes frente a la devastación general.
El clérigo relató conmovido cómo «el venezolano con las manos sacaba piedra a piedra removiendo escombros para rescatar personas» sin esperar maquinaria pesada.
Dicha organización comunitaria garantizó que los rescatistas internacionales contaran con sándwiches y botellas de agua en la zona cero de La Guaira, asombrando a las misiones foráneas.
En consecuencia, el sacerdote enfatizó que la prioridad actual radica en recuperar medios de vida, rehabilitar aulas y sanar el dolor de los deudos.
De igual manera, el portavoz jesuita exhortó a la cooperación internacional a canalizar recursos a través de las organizaciones que operan permanentemente en el terreno.
De modo que los 6.509 fallecidos oficiales, la angustia por los 29.000 desaparecidos, los 200.000 alumnos afectados y el auxilio de Fe y Alegría definen el panorama de una Venezuela que lucha por reconstruirse desde sus cimientos.
Con información de EFE
