Las comunidades rurales de Buenaventura enfrentan la desolación del terremoto de magnitud entre ruinas de viviendas y el asedio constante de grupos armados. Los pobladores de las zonas rurales de Buenaventura, el enclave portuario más relevante del Pacífico en Colombia, sobreviven a una severa emergencia humanitaria tras el terremoto de magnitud 7,4 que sacudió el suroeste del país el pasado 10 de agosto, enfrentando la pérdida casi total de sus viviendas y medios de sustento mientras lidian con la presencia intimidante de diversas organizaciones armadas irregulares que disputan el control territorial.
Por lo tanto, brigadas de asistencia internacional intentan socorrer a comunidades afrodescendientes aisladas que no cuentan con servicios básicos, donde la destrucción de infraestructuras agudizó la extrema vulnerabilidad de sus habitantes.
Ante este escenario, líderes comunitarios reciben los primeros suministros de socorro entre el temor a nuevos derrumbes y la zozobra por la violencia armada que rodea sus caminos vecinales.
Balance del sismo en Buenaventura, daños estructurales y rescate humanitario
En primer lugar, el violento movimiento telúrico dejó un saldo devastador en este distrito del departamento de Valle del Cauca, registrando 26 personas fallecidas, 476 lesionados, más de 38.175 damnificados directos, 9.362 inmuebles con afectaciones de diversa índole y 4.265 viviendas clasificadas como totalmente inhabitables sobre una población de 320.000 ciudadanos.
En este sentido, la asistencia estatal ha demorado en alcanzar los caseríos de difícil acceso fluvial y terrestre, propiciando el despliegue del Consorcio Sharp, una iniciativa financiada por la Unión Europea para proveer auxilio primario en zonas críticas.
- Magnitud del sismo: 7,4 en la escala sismológica, registrado el 10 de agosto de 2026.
- Impacto humano en Buenaventura: 26 víctimas mortales, 476 heridos y 38.175 personas damnificadas.
- Afectación de viviendas: 9.362 casas dañadas y 4.265 declaradas inhabitables.
- Comunidades priorizadas: Siete aldeas del Consejo Comunitario del Bajo Calima, incluyendo La Estrella, Las Brisas y Crucero.
- Organismo humanitario en el terreno: Consorcio Sharp a través del Consejo Danés para Refugiados (DRC), con respaldo de la Unión Europea.
«Estas zonas menos accesibles, como el entorno rural de Buenaventura, siempre han sido de muy difícil penetración por diferentes razones; el terremoto hace que la situación de vulnerabilidad de todas estas familias sea todavía más crítica», explicó María Alejandra Celis, gerente de emergencia del Consejo Danés para Refugiados en Colombia.
Por su parte, los residentes del Bajo Calima reportaron que muchos de los tanques plásticos donde almacenaban agua de lluvia se agrietaron con el sismo, desatando una escasez apremiante de líquido y comida.
Asedio de grupos armados, pugnas territoriales y testimonio en La Estrella
Coexistencia con actores irregulares en las rutas rurales
Por su parte, la coordinadora de salud del Consejo Comunitario del Bajo Calima, Maricruz Angulo, relató con preocupación cómo los pobladores deben soportar la tragedia bajo la mirada de miembros de grupos irregulares que transitan fuertemente armados entre la vegetación de aldeas como La Estrella.
De manera paralela, las autoridades colombianas tienen constancia de que en este corredor estratégico operan frentes de las disidencias de las FARC, el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y estructuras criminales como Los Espartanos y Los Shottas, agrupaciones que han instalado banderas e insignias a lo largo de los senderos para delimitar su dominio bélico.
Pérdida patrimonial y desplazamientos históricos
Al respecto, la emergencia ha golpeado de forma reincidente a víctimas del desplazamiento forzado interno, como Norma Rodríguez, quien llegó a La Estrella hace 40 años huyendo de la violencia en el departamento del Tolima solo para presenciar cómo el sismo destruyó los pisos, columnas y paredes de la vivienda que tardó décadas en levantar.
Asimismo, las réplicas posteriores al movimiento principal han generado cuadros de trauma psicológico colectivo en los caseríos, donde las familias permanecen dentro de estructuras resquebrajadas por no tener refugios alternativos disponibles.
Colapso de escuelas, pérdidas de aulas y futuro de la niñez rural
Destrucción de planteles en Las Brisas
Por su parte, la infraestructura escolar del distrito sufrió daños de consideración al registrarse 119 sedes educativas averiadas, seis totalmente colapsadas y cinco en condición de peligro estructural inminente en toda la demarcación de Buenaventura.
De manera paralela, en la vereda Las Brisas, la escuela primaria comunitaria perdió por completo la cubierta del techo y parte de sus muros maestros, sepultando pupitres y útiles escolares bajo los escombros e interrumpiendo indefinidamente la formación pedagógica de los niños.
Aislamiento formativo y subsistencia cotidiana
Al respecto, los voceros comunales recordaron que el territorio del Bajo Calima carece de planteles de educación secundaria, lo que ya obligaba a los jóvenes a recorrer largas distancias fluviales o terrestres hasta el centro urbano para culminar el bachillerato.
Asimismo, a tres semanas del desastre natural, los habitantes intentan recomponer su vida diaria entre escombros no inspeccionados y calles de tierra donde los niños juegan mientras los mayores demandan planes oficiales de reconstrucción integral.
Con información de EFE
