Yeferson Seijas, el pelotero de 12 años que entrena sobre las ruinas de su hogar. Un fuerte viento levanta polvo sobre un abandonado campo deportivo de la costa venezolana. Ciertamente, los jóvenes deportistas intentan olvidar la destrucción circundante mediante la práctica constante de su disciplina favorita. Los peloteros infantiles se concentran en capturar la bola para perfeccionar sus habilidades técnicas. Asimismo, la rutina diaria del entrenamiento físico alivia temporalmente el dolor de las familias que sufrieron los rigores de los terremotos en La Guaira.
El refugio de Yeferson Seijas tras los terremotos en La Guaira
Al respecto, el campocorto Yeferson Seijas atrapa la pelota con una asombrosa precisión a pesar de su corta edad. Por consiguiente, el atleta de doce años repite los lanzamientos rítmicos buscando perfeccionar su fuerza y velocidad sobre el terreno. Sin embargo, el joven pelotero asimila internamente una terrible pérdida personal tras el derrumbe absoluto de su humilde vivienda familiar. Efectivamente, el desastre natural arrebató la vida y la tranquilidad de muchos de sus compañeros de juego habituales.
Por esa razón, los entrenadores locales redoblan sus esfuerzos para rescatar el talento deportivo de los niños de la costa. De este modo, los instructores guían a los menores hacia un futuro mejor lejos de la vulnerabilidad socioeconómica actual. No obstante, la mayoría de los jóvenes prospectos enfrentan un panorama habitacional sumamente adverso en estas comunidades pesqueras. En efecto, los deportistas sueñan con firmar un contrato profesional para comprar una vivienda segura para sus madres.
Las secuelas de los sismos y la vida en los campamentos
Por otro lado, la familia de Yeferson sobrevive actualmente bajo una carpa improvisada a escasos kilómetros del campo de entrenamiento. De igual modo, sus cinco hermanos comparten el reducido espacio soportando las difíciles condiciones sanitarias del albergue temporal. Por consiguiente, el hacinamiento y las plagas complican el descanso diario de los damnificados en la costa del litoral. Por esa causa, los representantes vecinales solicitan a los organismos de ayuda internacional la dotación de insumos médicos.
Además, el Gobierno nacional estima que miles de ciudadanos permanecen desamparados tras el colapso de las estructuras residenciales. Ciertamente, el censo oficial registra aproximadamente unas 18.000 personas sin un techo seguro en la geografía de la entidad. Por ende, las organizaciones no gubernamentales coordinan la entrega de alimentos no perecederos para mitigar el desabastecimiento local. Finalmente, los jóvenes de la costa caribeña persisten en sus entrenamientos diarios superando las secuelas de los terremotos en La Guaira.
La pérdida de espacios comunitarios afecta directamente el sano desarrollo de las actividades deportivas infantiles en las poblaciones costeras. Debido a la inestabilidad de las laderas, las autoridades locales planifican la construcción de nuevos complejos habitacionales en terrenos planos.
Con información del Periódico de Monagas
