Venezuela podría tardar hasta 2030 para alcanzar y sostener una producción superior a 1,5 millones de barriles de crudo al día. La firma de dos nuevos convenios energéticos entre el Estado venezolano y corporaciones petroleras estadounidenses consolida la reapertura del sector hidrocarburos al capital privado internacional, aunque especialistas de la industria advierten que el retorno de las multinacionales avanzará de forma paulatina ante los riesgos en materia de seguridad jurídica e infraestructura.
La ministra de Hidrocarburos Paula Henao oficializó en Houston un contrato de participación productiva con Hunt Oil para reactivar los campos Caro y Carisito en el oriente del país, sumado a una alianza técnica con SLB para desarrollar estudios integrados de yacimientos.
Alcance del esquema de participación con Hunt Oil y soporte tecnológico de SLB
Sobre los instrumentos formalizados en territorio estadounidense el acuerdo con Hunt Oil representa un paso significativo por tratarse de una de las primeras productoras independientes norteamericanas en sellar contratos operativos tras las recientes reformas legislativas en materia de hidrocarburos. En este sentido el estratega jefe de exploración y producción de S&P Global Bob Fryklund precisó a la agencia EFE que estos convenios constituyen labores de rehabilitación y reacondicionamiento de pozos maduros mientras que la exploración de bloques vírgenes permanece detenida.
«El proyecto no supone por ahora la exploración de nuevas reservas sino la rehabilitación de antiguos descubrimientos; el viaje está comenzando pero no es un tren bala sino un tren local con muchas paradas», explicó el especialista Bob Fryklund sobre los retos técnicos que enfrenta el sector.
Por consiguiente la incorporación de maquinaria avanzada y servicios especializados de SLB permitirá acelerar los trabajos de reacondicionamiento en el subsuelo.
Estimaciones de producción, competencia global y cautela de inversionistas
Proyecciones hacia 2030 y necesidades de inversión masiva
Por su parte las estimaciones de S&P Global proyectan que la industria nacional podría demorar al menos hasta el año 2030 en superar de forma sostenida la barrera de los 1,5 millones de barriles diarios debido al severo deterioro de los sistemas de transporte, oleoductos e infraestructura eléctrica. En este contexto la producción nacional alcanzó en julio un promedio de 1,2 millones de barriles diarios, registrando un incremento cercano al 30 % frente a los 924.000 barriles reportados en enero, aunque la cifra aún se ubica lejos de los máximos históricos de 3,5 millones alcanzados en la década de 1990.
Seguridad jurídica, repatriación de dividendos y memoria histórica
Por otro lado ejecutivos como Kirk Edwards, presidente de la petrolera texana Latigo Petroleum, señalaron que el reducido número de firmas que concretaron acuerdos evidencia la cautela del mercado ante el recuerdo de las estatizaciones del pasado y la oferta de otros países con reglas más predecibles.
Ciertamente los analistas coinciden en que el país debe garantizar el Estado de derecho, la repatriación efectiva de dividendos y la seguridad física del personal técnico para escalar posiciones en los índices de riesgo internacional, aprovechando el respaldo de la administración de Donald Trump tras la flexibilización de sanciones.
Con información de EFE
