Mervin Yamarte, joven deportado desde EE. UU., pasó más de cuatro meses en la megaprisión salvadoreña CECOT. Hoy, en libertad, aún vive con miedo.
Desde su regreso al barrio Los Pescadores, en Maracaibo, no ha podido dormir bien. “Me despierto a las 3:30 a. m., como en la cárcel”, confesó al Nuevo Herald.
Fue arrestado el 13 de marzo en Dallas, Texas, junto a tres amigos de infancia: Edwuar Hernández, Andy Perozo y Ringo Rincón. Dos noches después, los cuatro fueron enviados al CECOT, la prisión de máxima seguridad inaugurada por el presidente Nayib Bukele.
Todos fueron deportados desde EE. UU. bajo la Alien Enemies Act, una ley de 1798 que permite la expulsión de extranjeros considerados amenazas. Fueron acusados de vínculos con el Tren de Aragua, señalamiento que niegan rotundamente.
Yamarte, de 29 años, trabajaba en una fábrica de tortillas en Texas. Nunca tuvo antecedentes penales ni en Venezuela ni en Estados Unidos. “No somos delincuentes, somos personas dignas”, afirmó con voz entrecortada.
Desde marzo, 252 venezolanos han sido deportados al CECOT. Según Yamarte, el miedo continúa: “No salgo porque tengo miedo de que me señalen”.
Deportado desde EE. UU., regresó a su comunidad entre lágrimas, globos y abrazos. Intenta ahora reconstruir su vida en un barrio golpeado por la pobreza, junto al lago de Maracaibo.
Aunque está feliz de estar libre, el recuerdo del encierro permanece. “Me cuesta adaptarme”, reconoce. Su historia refleja el drama migratorio y las consecuencias de medidas que impactan profundamente la vida de los venezolanos en el exterior.
