Un científico de la NASA descubre por azar el mayor cráter moderno del sistema solar tras el impacto de un asteroide en la Luna. En un hallazgo astronómico de proporciones extraordinarias para la exploración espacial, un investigador vinculado a la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) descubrió de manera fortuita en fotografías lunares la cavidad de impacto reciente más voluminosa que los astrónomos han identificado hasta el presente en todo el sistema solar.
El fenómeno geológico se originó a raíz de la colisión en 2024 de un cuerpo celeste, presumiblemente un cometa o un asteroide con dimensiones similares a un inmueble de tres a seis niveles, de acuerdo con una investigación científica divulgada esta semana en las páginas de la prestigiosa revista Science Advances.
Dimensiones monumentales y homenaje póstumo en la cuenca lunar
El equipo de astrónomos bautizó la flamante estructura con la denominación oficial de McGetchin, rindiendo tributo a la trayectoria del ilustre investigador lunar Tom McGetchin.
El foso circular presenta un diámetro exacto de 728 pies (unos 222 metros) y alcanza una profundidad estimada de 141 pies (alrededor de 43 metros).
Estas métricas monumentales equivalen a la extensión combinada de dos campos reglamentarios de fútbol y ofrecen suficiente espacio vertical para apilar tres autobuses escolares completos.
En tal sentido, las dimensiones confirman la extrema violencia cinética que liberó el proyectil espacial al golpear la corteza del satélite natural.
Asimismo, los expertos destacan que una huella de tal magnitud en tiempos contemporáneos representa un evento sin precedentes en los registros modernos de la astronomía observacional.
La casualidad en la LRO y la pericia de Robert Wagner
El destello que transformó una labor de rutina
Por otra parte, el suceso astronómico salió a la luz durante una inspección habitual de los extensos archivos remitidos por la sonda Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO).
En esa jornada cotidiana, Robert Wagner, especialista en análisis y tratamiento de material gráfico de la compañía Intuitive Machines, divisó una señal anómala sobre la cartografía selenita:
Wagner observó un minúsculo punto resplandeciente rodeado nítidamente por una corona oscura en el terreno.
En consecuencia, el llamativo contraste visual encendió de inmediato las alarmas del analista, dado que semejante patrón geométrico demostraba que una fuerza descomunal había removido y esparcido el regolito superficial.
La confirmación del cráter mediante cotejo temporal
Aunado a esto, el especialista procedió a confrontar meticulosamente las imágenes previas y posteriores capturadas sobre esa misma coordenada geográfica por los sensores de la LRO. De este modo, Wagner ratificó sin margen de error la presencia de una estructura de impacto totalmente nueva, producto de una colisión muy reciente en el entorno lunar.
De igual forma, la comunidad científica celebra este hallazgo fortuito como una prueba contundente de la intensa dinámica cósmica que todavía modela los cuerpos del vecindario planetario.
Con información de EFE
