Migrantes venezolanos regresan tras endurecimiento de políticas migratorias en EE.UU. Un grupo de aproximadamente 40 venezolanos partió desde la costa caribeña de Panamá en una embarcación improvisada. Con sus pertenencias protegidas en bolsas de basura y con sus hijos aferrados a ellos, en un viaje lleno de incertidumbre y peligro. Esta travesía refleja un fenómeno creciente: el retorno de migrantes venezolanos hacia Sudamérica tras las medidas restrictivas del gobierno estadounidense.
Junior Sulbarán, quien huyó de Venezuela con su familia el año anterior y cruzó el peligroso Tapón del Darién, describió su experiencia como un “sueño frustrado”. Como muchos otros, llegó a México antes de que Donald Trump asumiera su segundo mandato. Y escuchó claramente el mensaje de las autoridades: “Si piensas entrar ilegalmente a EE.UU., ni lo intentes”.
Aunque no existen cifras exactas, se sabe que más de 10.000 personas, casi todas venezolanas, han viajado desde Panamá a Colombia en barco desde enero. Esta ruta marítima de regreso, aunque pequeña comparada con la oleada migratoria previa hacia EE.UU. y México, indica un cambio en la dinámica migratoria, provocado en parte por las duras políticas de deportación y control fronterizo.
Migrantes venezolanos regresan tras endurecimiento de políticas migratorias en EE.UU.
El gobierno estadounidense promueve la “autodeportación voluntaria”. Ofreciendo hasta 1.000 dólares para quienes decidan regresar. Aunque para muchos esta opción es difícil debido a la falta de documentos, pobreza y deudas acumuladas durante el viaje. En Texas, venezolanos temen ser detenidos por sus tatuajes o separados de sus hijos, mientras que en Panamá proliferan operadores de embarcaciones que cobran cientos de dólares para cruzar el Darién.
La travesía por mar, que cubre más de 320 kilómetros, es peligrosa. En febrero, un niño venezolano murió ahogado y decenas de migrantes fueron rescatados tras un naufragio. En mayo, un grupo que partió desde Panamá sufrió una avería en el motor, y solo con la llegada de un barco de rescate pudieron continuar.
Al llegar a Puerto Obaldía, Colombia, los migrantes enfrentan otra realidad dura: un área controlada por grupos criminales que explotan la vulnerabilidad de quienes intentan llegar a Venezuela o dispersarse en el continente.
A pesar de las dificultades, Sulbarán y su esposa sólo planean recoger a su hijo y visitar a su familia en Venezuela, antes de considerar una nueva partida, porque “es como una pérdida de tiempo y dinero”, dice él, reflejando el ciclo constante de esperanza y desilusión que viven muchos migrantes venezolanos.
Con información de The New York Times
