Valencia, 14 de julio de 2025-. Migrantes venezolanos apuntan al sur y otros esperan en albergues mexicanos. Un vasto campamento en Reynosa ya no existe. Río Camp, cerca del Río Bravo, está abandonado. Albergó a mil migrantes.
Donald Trump selló la frontera al asumir la presidencia. Prohibió el ingreso de solicitantes de asilo. Marcó el inicio de la «cacería» de indocumentados.
Miles de migrantes han regresado. Viajan de Honduras, Venezuela, El Salvador, Cuba. Vuelven a sus países o a ciudades mexicanas. México ya no es solo un tránsito. Se ha vuelto un destino final. Las solicitudes de residencia y trabajo han aumentado.
Organismos internacionales y ONG lo denuncian. Es un fenómeno inédito de migración sur-norte. Las detenciones en México y EE. UU. se desplomaron. Ahora hay cruces a contracorriente en el Darién. De Panamá a Colombia. Migrantes ven Brasil o Chile como destino. Esto según Naciones Unidas. Las políticas de Trump «destrozaron» el mapa migratorio.
Migrantes venezolanos apuntan al sur y otros esperan en albergues mexicanos
El cambio obliga a las humanitarias a reorganizarse. También plantea qué hará el crimen organizado. Pierden un lucrativo negocio.
Los albergues están casi vacíos. Río Camp era extensión de Senda de Vida. En Matamoros está Pumarejo. Juntos, albergaron 9.000 personas. Esto fue durante la administración de Joe Biden. Hoy quedan solo 250, según MSF.
Sus historias resuenan en el vacío. Antes les faltaba espacio. Ahora la rutina los consume. ¿Qué esperan? Un milagro. Que Trump permita el ingreso. Para quienes se quedaron al filo de la frontera. Por el cierre de la aplicación CBP One. «Vamos a ver qué sorpresa nos depara Dios», dice Yoni Civira. Es venezolano de 42 años. Vive en Pumarejo desde enero. «A ver si el presidente Trump se toca el corazón», añade.
Yoni lleva cinco años migrando. Dejó Venezuela. Perdió la vista en un ojo. Se está quedando ciego del otro. Invirtió demasiado para volver. Su país está en crisis. Se aferra con terquedad. Aimara Moreno, 40 años, también venezolana. Batalla para contar su sufrimiento. «He bloqueado muchas cosas». «Fue muy duro», dice.
Otros recuerdan atrocidades. Hilda Meza, hondureña de 32 años. La secuestraron al cruzar el Suchiate. A ella, su esposo y cuatro hijos. Estuvieron tres días en una casa de seguridad. En Chiapas, con cien migrantes más. Los sicarios «estaban todo el tiempo tomando y drogándose». Podrían ser del Cartel Jalisco o Sinaloa. Los liberaron tras pago familiar. 1.000 pesos por cada uno. Las amenazas le impiden volver. «No sabría si estoy comprando un pasaje seguro», sopesa.
Migración cambia de rumbo y México es destino. Campamentos vacíos en Tijuana, Juárez, Pachuca, CDMX, Tapachula. Migrantes no van al norte. «El mensaje de Trump fue claro», dice Emmanuelle Brique. Vicecoordinadora del Proyecto Frontera Norte de MSF. «¿Para qué tomar riesgo si la frontera está cerrada?».
Nuevo destino: México
Las detenciones en México cayeron 80%. Entre enero-mayo de 2024 y 2025. De 590.690 a 113.612 intercepciones. Mayo de 2025 tuvo 5.123 detenciones. Una disminución del 92%.
En EE. UU., Patrulla Fronteriza muestra la misma baja. En enero-mayo 2024, 905.920 detenidos. En 2025, 108.658. Una caída del 88%. Mayo de 2025 solo 12.452.
Los cruces del Darién bajaron 98%. De 170.014 migrantes en 2024 a 2.917 en 2025. En mayo, solo 13 cruces.
La OIM documenta el éxodo a la inversa. 7.696 personas volvieron por el Darién. Entre febrero y mayo. El doble de quienes cruzaron hacia el norte. Muchos que no regresaron se quedaron en México. Siete de cada diez migrantes en 2024 veían EE. UU. como destino. Ahora son cinco de cada diez. Quienes ven a México como destino final se duplicaron. Del 24% al 46%.
La ONU registra más trámites migratorios en México. Para quedarse y trabajar. ACNUR reporta 250 solicitudes de asilo diarias. Casi tantas como en 2024. «La parte de solicitantes de asilo no ha disminuido», dijo Giovanni Lepri, de ACNUR.
La OIM dice que tres de cada cuatro migrantes no volverán. Preparan una estadía prolongada. En albergues de Tamaulipas, hombres buscan empleo. En Reynosa o Matamoros. Consiguen trabajos temporales. Mujeres y niños están en escuelas.
En Tapachula, una platanera contrató 60 migrantes. Gracias a Herbert Bermúdez, de albergue Jesús El Buen Pastor. El requisito: permiso temporal o permanente. «Esa gente que ya buscó empleo fijo se está quedando».
Ganan 300 pesos por ocho horas. Más que el salario mínimo. Afiliados a seguridad social, con alimentos. Pagan impuestos. Envían remesas a sus familias. No necesitaron llegar a EE. UU. «Es gente que solo quiere trabajar», resume Bermúdez.
La migración invisible y el crimen organizado
Migración cambia de rumbo, pero causas persisten. Mavi Cruz, Centro Fray Matías, advierte. La idea de «ya no hay migrantes» esconde peligros. «Invisibiliza» a quienes quedaron varados. Las políticas restrictivas limitan la movilidad. No pueden seguir su proyecto migratorio. Se quedan más tiempo en otros lugares.
Fernanda Acevedo, albergue Hospitalidad y Solidaridad, advierte. Restricciones llevan a «rutas más invisibles y peligrosas». «Las personas se van a seguir moviendo». La necesidad de salvar la vida implica ser más invisible. Esto puede aumentar el tráfico de personas. A manos del crimen organizado.
¿Cómo cambiará el rol de los cárteles? Es una incógnita. Preocupa a agencias internacionales. Autoridades mexicanas documentan esta economía criminal. Basada en cuerpos de migrantes. Los cárteles los extorsionan, secuestran, usan como mulas.
«A mayor control, mayor riesgo», dice Jeremy MacGillivray de OIM. Buscan «rutas más ocultas, más peligrosas, más caras». Antes, coyotes cobraban 5.000 dólares. Ahora, 12.000 a 15.000, según MSF.
Un oficial de la ONU anónimo comparte una posibilidad. Cárteles podrían descargar negocios ilícitos en locales. «Se redujo el tráfico de migrantes». Aumentó «reclutamiento de mexicanos, extorsiones, tráfico de drogas».
