La inclinación de la torre más alta de Colombia paraliza el corazón de Manizales y sume a comerciantes y vecinos en un futuro incierto por los estragos del terremoto. El silencio se apoderó de las habitualmente concurridas calles céntricas de Manizales tras el cierre perimetral impuesto por las autoridades debido a la inclinación y el colapso parcial de una de las torres de la Catedral Basílica de Nuestra Señora del Rosario, provocado por el terremoto de magnitud 7,4; la estructura ladeada quedó apoyada sobre la nave central del templo más alto de Colombia, representando una amenaza inminente por posible caída de material rocoso.
Diagnóstico arquitectónico, integridad del templo y labores de retiro
Sobre el estado técnico de la edificación religiosa, los peritos que inspeccionan el área confirmaron que el movimiento telúrico causó una avería localizada en la parte superior, manteniendo la estabilidad del cuerpo principal del monumento. En este sentido, los equipos de restauración enfrentan el reto logístico de retirar de manera segura los restos de la torre siniestrada, cuyo reloj continúa marcando las horas con sesenta minutos de retraso, además de despejar los fragmentos acumulados en la cúspide.
«Por dentro, la catedral no sufrió mayores daños. Hay algunos escombros y unos pocos objetos se cayeron, pero en general todo sigue en el lugar donde estaba», ratificaron las grabaciones en video difundidas por la Arquidiócesis de Manizales.
Diseñada por el arquitecto francés Julien Polty e inaugurada en 1939 tras más de una década de construcción, la basílica combinó elementos neogóticos, neorrománicos y bizantinos para convertirse en el rascacielos más elevado de Colombia hasta finales de la década de 1960. En su estructura destaca el Corredor Polaco, un mirador turístico situado a 96 metros de altitud que ofrece una panorámica completa de la urbe montañosa. Por consiguiente, la afectación del templo paraliza un símbolo histórico fundamental.
Impacto comercial, testimonios y drama humano por el acordonamiento
Paralización de la economía en la Plaza de Bolívar
Por su parte, el perímetro de seguridad establecido en torno a la catedral impactó negativamente la actividad de decenas de establecimientos comerciales que operan en los alrededores de la plaza central. Édgar López, funcionario de la Gobernación de Caldas, observó la pronunciada inclinación de la aguja y lamentó la paralización forzada de las actividades productivas, señalando que la clausura prolongada de negocios pone en aprietos económicos a cientos de familias que dependen del dinamismo turístico y comercial del centro urbano.
La encrucijada de los comerciantes y residentes locales
Por otro lado, el testimonio de Gloria Helena Agudelo, propietaria del Dinastía Plaza Hotel ubicado frente a la torre averiada, refleja la desesperación de los emprendedores locales tras salir corriendo junto a su pequeño hijo durante los segundos en que la tierra se estremecía para salvar sus vidas. Aunque su inmueble no registró fracturas estructurales mayores, la empresaria enfrenta la pérdida temporal de su sustento económico y de su vivienda habitual, dado que residía en las mismas instalaciones hoteleras y las obras de recuperación lideradas por el Ministerio de Cultura demandarán un tiempo prolongado de ejecución sin clientes ni acceso peatonal. Ciertamente, los afectados buscan respuestas para sobrellevar la contingencia.
Con información de EFE
